| -Ampliado y actualizado el 26 de febrero de 2008- POR VARIAS DÉCADAS, BOLIVIA INTENTÓ ENCENDER UNA TREMENDA OFENSIVA DIPLOMÁTICA INTERNACIONAL CONTRA CHILE PARA DAR SUSTENTO A SU DEMANDA MARÍTIMA, UTILIZANDO COMO PRETEXTO EL USO DE LAS AGUAS DE LA CIÉNAGA DEL RÍO LAUCA, EN PARINACOTA, AL EXTREMO NORTE CHILENO. ESTE ACONTECIMIENTO PUSO EN RELIEVE HASTA DÓNDE LLEGA LA AGRESIVIDAD DE UN PUEBLO EN CONTRA DE OTRO -AL PUNTO DE LLEGAR A INVOCAR EL T.I.A.R. CONTRA CHILE EN LA O.E.A.- Y EL OPORTUNISMO POLÍTICO DE SUS GOBERNANTES PARA RESUCITAR UNA CONTROVERSIA TANTAS VECES COMO LO CONSIDEREN NECESARIO. DEMUESTRA TAMBIÉN CÓMO CUALQUIER PRETEXTO SIRVE PARA LA CANALIZACIÓN DE ESTOS SENTIMIENTOS, VALIÉNDOSE DE TRUCULENCIAS DIPLOMÁTICAS Y DE DESVERGONZADAS ALTERACIONES DE LOS HECHOS HISTÓRICOS. LA FÓRMULA YA HABÍA SIDO UTILIZADA ANTES EN EL RÍO MAURI, Y VOLVIÓ A SER EMPLEADA DESPUÉS EN RÍO SILALA, PUES EN EL FONDO DE LA POLÍTICA BOLIVIANA, EXISTE LA ESPERANZA DE LLEGAR A FORZAR A CHILE ALGUNA VEZ A CEDERLE UN TERRITORIO LITORAL A CAMBIO DE USOS DE AGUAS PARA LA AGRICULTURA EN EL ÁRIDO TERRITORIO DEL TARAPACÁ Y ATACAMA.
Aproximadamente desde la mitad del siglo XIX, los peruanos habían iniciado importantes trabajos de investigación geográfica con la intención de irrigar con aguas provenientes del Altipláno los secos valles de Tacna y Arica, para entonces en la provincia de Moquehua. Luego de la Guerra del Pacífico, que dejó ambos territorios dentro de Chile, los proyectos fueron imitados por empresarios y políticos chilenos de la época, como Ricardo Salas Edwards, Emilio Rodríguez Mendoza y Luis Arteaga, hacia principios del siglo XX. Con esta idea, en 1920 se formó una sociedad chilena para iniciar trabajos de aprovechamiento de las aguas casi en la frontera de la actual región de Tarapacá y en los tiempos en que Chile estaba aún en posesión de esa zona de Tacna. Como se sabe, la escasez de agua en estos territorios ha permitido a Bolivia inventar una serie de polémicas contra la utilización de los pocos recursos hídricos fronterizos existentes, ya sea para agricultura chilena o generación de energía en Atacama. La sola noticia de estos trabajos causó estupor en La Paz y las protestas no se hicieron esperar, condenando los trabajos chilenos en la zona e intentando levantar una controversia, especialmente por la cuestión de río Mauri, afluente del Desaguadero, sobre el cual se realizarían captaciones que no afectaban al aprovechamiento del río del lado boliviano, pero que, de todos modos, generó una agresiva reacción entre la diplomacia altiplánica. Con el tiempo, sin embargo, la burda ofensiva murió, aunque no sin antes dejar iniciada una estrategia que, unas décadas después, volvería a ser ocupada contra Chile sobre las aguas del Lauca. El Lauca nace en territorio chileno, en las ciénagas pantanosas de Parinacota (18º 12' latitud Sur y 69º 18' longitud Oeste) avanzando hacia el Este en cerca de cien kilómetros, en donde recibe una buena cantidad de aguas de afluentes secundarios que incrementan su caudal, rumbo al Suroeste. Al atravesar la frontera boliviana, en Macaya, a la altura de 3.892 metros y en la posición del Hito XX, penetra unos 75 kilómetros conectándose al río Sajama. Cabe recordar aquí, sin embargo, que al conectar con río Sajama, se le sigue llamando impropiamente al curso de agua como "Lauca", por lo que se considera una extensión de cerca de 150 kilómetros desde su cruce en la frontera (los 75 del Lauca como tal más los otros 75 del Sajama), continuando hacia el lago situado al norte del Salar de Coipasa, donde el caudal desaparece sin ser aprovechado, a 3.760 kilómetros sobre el nivel del mar y tras 225 kilómetros de recorrido desde su origen. El Lauca, en estricto rigor, no corresponde a un río como tal, sino de un arroyo. Las normas internacionales de hidrografía consideran que un curso de agua es un río cuando arrastra en promedio un caudal de 20 metros cúbicos por segundo como mínimo, y con condiciones de navegabilidad. El Lauca, en cambio, a penas alcanzaba cerca de 2,6 metros cúbicos por segundo por el lado chileno. Veremos también que, al conectar con el Sajama en Bolivia, promedia anualmente 8 metros cúbicos, rara vez superando los 16 en sus períodos de mayor caudal, incluso cuando ha sufrido desbordes. Para tener una proporción, recordemos que el río Biobío promedia los 567 metros cúbicos por segundo en su caudal. Es, por lo tanto, un mero arroyo, desprendido de varias de las exigencias exclusivas para la categoría de ríos como tales existentes en aquellos años. Geográficamente, vemos también que el Lauca era otro de los accidentes hídricos internacionales que, como en el caso del Mauri, aparecen compartidos entre los dos países, aunque no sea un río internacional. Las ciénagas donde se origina, en Parinacota, son alimentadas por las aguas de la laguna Cotacotani, en territorio incuestionablemente chileno, al Oeste del cerro Guaneguane y de la frontera, a 4.400 metros sobre el nivel del mar, es decir, muy por encima del nivel de la laguna Coipasa donde desemboca en Bolivia. Sus afluentes son 21 a lo largo del tramo chileno, siete principales y 14 secundarios. En el año de 1939 y por iniciativa del Presidente Pedro Aguirre Cerda, a 25 años de la firma del Tratado de 1904 que puso fin a todas las controversias que se arrastraban con Bolivia, el Gobierno de Chile inició estudios destinados a medir la factibilidad de regar cerca de 2.000 hectáreas del Valle de Azapa, al interior de Arica, con las aguas del este sistema hídrico. Las intenciones del gobierno fueron anunciadas por el propio mandatario chileno durante su visita a Arica, el 1º de junio de 1939. Lamentablemente, por entonces se preparaba el Aniversario del 50º Congreso Sudamericano de Derecho Internacional, en Montevideo, para fines de año. El solo anuncio de que Argentina tenía en proyecto presentar un Tratado de Derecho de Navegación Comercial Internacional abrió una amplia perspectiva a La Paz para preparar una feroz carga de reclamaciones y denuncias contra Chile, recordando el tema de su "mediterraneidad".
Al llegar a oídos del Presidente boliviano Germán Busch la noticia de las declaraciones de Aguirre Cerda en Arica, Bolivia emitió una nota del 11 de junio de 1939, donde el subsecretario de la Cancillería, Justino Daza Ondarza, en representación del ministro planteaba al embajador chileno Benjamín Cohen, su temor de que el proyecto incluyera la desviación directa del caudal del río (nota Nº 325 del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Bolivia):
Profundizando en sus reparos, dice más abajo:
El 29 de agosto siguiente, La Paz reitera sus reparos en nota Nº 470, esta vez firmados por el propio Canciller Alberto Ostria Gutiérrez, autor intelectual de los reclamos. En la nota se lee (los destacados son nuestros):
Por esos mismos días, el Presidente Busch moría, siendo reemplazado en el Palacio Quemado por el General Carlos Quintanilla, quien inició de inmediato una campaña de refuerzo de las relaciones con los Estados Unidos y la revitalización del reclamo por "salida al mar".
Como se puede ver, las dos notas bolivianas se adelantaban enormemente a las intenciones del Gobierno de Chile, que por entonces ni siquiera comenzaba los estudios del proyecto. Sin embargo, hay una curiosa diferencia en ambas notas: mientras la primera aludía a la Declaración de Montevideo de 1933, la segunda nota no hacía referencia alguna a los contenidos de ésta. Para comprender el sentido de esta omisión, debe recordarse que la cláusula segunda de la Declaración que había sido citada textualmente en el contenido de la primera nota, declaraba (los destacados son nuestros):
Como se puede advertir, mientras la primera nota se muestra llana a considerar sus reparos atendiendo también las condiciones en que la misma Declaración de Montevideo permitiría el derecho de aprovechamiento de ríos internacionales con el consentimiento del otro Estado ribereño, la segunda no considera este recurso, pues solicita directamente la no realización de las obras en proyecto. Recordemos que en aquel encuentro de 1933 los legisladores articularon estos puntos pensando, principalmente, en los grandes ríos de las regiones continentales, como el Missisipi, el Amazonas, el Paraná o el de La Plata. Como veremos, más adelante, Bolivia no sólo se estaba apoyando en el uso impreciso e inapropiado del término "desvío" por parte de ambos Estados para referirse al proyecto, sino que habría de adulterar información sobre el pretendido uso que el curso del río tenía al otro lado de la cordillera. Por otro lado, la misma Declaración de Montevideo de 1933 establecía que los criterios señalados eran para ríos internacionales navegables, según se deduce de su artículo 4º, donde se lee que:
Como dijimos, en el caso del Lauca, tenemos un accidente hidrográfico con características de río tipo arroyo. Y por si las dudas, recordemos que el artículo 5º establece categóricamente que: "En ningún caso, sea que se trate de ríos sucesivos o contiguos, las obras de aprovechamiento industrial o agrícola que se realicen, deberán causar perjuicios a la libre navegación de los mismos". El Embajador Benjamín Cohen acusó recibo y notificó al Canciller chileno, Rubén Terrazas, el día 16 de septiembre. Terrazas se volvió a comunicar con el Embajador al mes siguiente, y éste respondió al Canciller Ostria Gutiérrez, de La Paz, el día 10 de noviembre de 1939, en nota Nº 393/80, donde se lee la primera rectificación al término "desvío" que se había comenzado a utilizar en el debate:
En efecto, desde ya los trabajos se planificaban sobre la ciénaga donde nace el Lauca, en Parinacota, y no sobre el curso mismo del río tras salir del área aledaña a las aguas del Cotacotani, que lo originan. No cabía, por tanto, el término de "desvío" propiamente tal, sino el de captaciones sobre las ciénagas. Estudios que ya entonces había practicado el Departamento de Riego de la Dirección General de Obras Públicas, durante febrero de 1939, citados por Cohen en su nota, demostraban que durante el verano el caudal del Lauca nacía con menos de tres metros cúbicos por segundo y dentro del área chilena donde se planificaban los trabajos, medidas de caudal correspondientes sólo a un arroyo y no a un río, como dijimos. En cambio, producto de la adición de aguas de los afluentes, en el territorio de Bolivia y durante los períodos de crecida de febrero, promedia cerca de 8 metros cúbicos por segundo al atravesar la frontera y conectar con el Sajama. El río no sería "desviado", por lo tanto, sino que, simplemente, se usaría la una fracción de su caudal, que oscilaba entre el 16% y el 46,7% del mismo, sin afectar mayormente su desplazamiento hacia el Oeste. En una situación máxima, la captación no comprometería más del 49,7%, pero en condiciones tan improbables e hipotéticas que algunos expertos no consideran posibles. Lamentablemente, sin embargo, en la nota de Cohen a La Paz, el embajador comete el error de describir el desplazamiento del Lauca al atravesar la frontera como de "30 a 40 metros cúbicos por segundo" en el mismo período de crecidas. Como es de esperar, los autores bolivianos han estrujado esta información acusando al embajador de "falsear" antecedentes y pretender engañar a La Paz, ignorando, por supuesto, que estos datos absolutamente errados derivan de la falta de conocimientos y de estudios precisos sobre su caudal en aquellos años en que le proyecto aún no comenzaba a materializarse siquiera. Curiosamente, y por ignorancia, los mismos autores que repiten estos datos corrigiéndolos al verdadero caudal, de cerca de 3 metros por segundo, confirman sin darse cuenta que la condición técnica de "río" para el Lauca es inapropiada, pues esa corriente es la de un arroyo y, por lo tanto, el Lauca queda fuera del carácter de río internacional de curso sucesivo que pretenden darle. Sobre estos datos, Cohen agregaba que el proyecto, entonces, estaba dentro de lo posibilitado por la Declaración de Montevideo aludida en la nota del 11 de julio, pues dicho instrumento guarda conformidad con las conclusiones del Instituto de Derecho Internacional celebrado de Madrid en 1911, donde se concluye que:
Bolivia, incapaz de contradecir la aclaratoria respuesta, no replicó sobre el tema y Chile consideró el asunto terminado. Cinco presidencias en silencio absoluto pasarían por el Palacio Quemado, antes de reencenderse el asunto.
El Gobierno de Bolivia volvería a reiniciar sus reclamos inesperadamente, luego de las elecciones presidenciales celebradas en ese país el 5 de enero de 1947. En la ocasión, ganaría por escaso margen el doctor Enrique Hertzog, férreo partidario de la "reivindicación" de Antofagasta y cercano al ex Presidente Daniel Salamanca, de similares aspiraciones sobre el territorio chileno. Sin embargo, un personaje en común con los anteriores períodos que hemos visto habría de aparecer: el ex Canciller Alberto Ostria Gutiérrez, mismo autor de las primeras protestas contra río Lauca. Como parte de la política orientada a resolver la cuestión de la "mediterraneidad", Hertzog colocó al hábil ministro en la Embajada en Santiago, sitio perfecto para sus propósitos. Durante todo el resto del año, La Paz estuvo atenta las posibilidades de presentar su reclamo con miras a revisar el Tratado de 1904. La oportunidad se presentó cuando el Ministerio de Obras Públicas presentó formalmente el proyecto de captación de aguas de Parinacota. Tal vez por un descuido derivado de la falsa confianza, se acabó titulando inexactamente como "Regadío del Valle de Azapa. Desviación del Río Lauca" al llamando a licitación pública de propuestas. Como Bolivia parecía conforme desde 1939 con la respuesta de Chile que precisaba el verdadero alcance del término "desvío", las autoridades chilenas no fueron capaces de prever que el empleo del mismo término en el título del proyecto iba a bastar para presentar nuevos reclamos, a pesar de que, en estricto rigor y como hemos dicho, en caso alguno se trataba de un "desvío" como tal. Confundiendo intencionalmente el término "desviación" y difuminando la nomenclatura de la Declaración de Montevideo sobre ríos internacionales navegables, el 18 de septiembre de 1947, Ostria Gutiérrez presentó un nuevo reclamo que parecía hacer vista gorda a los ocho largos años que habían pasado desde sus últimas notas al respecto. En él, sin embargo, encontraremos observaciones que serán de vital importancia para seguir el desarrollo de la floreciente controversia. Tras pormenorizar en ocho tres puntos un recuento de lo mismo que se había expuesto ya en 1939, agrega (los destacados son nuestros):
Vemos que Ostria Gutiérrez pide realizar un y sólo un punto que considera pendiente: información sobre el proyecto. Acto seguido, solicita del Gobierno de Chile la entrega de los antecedentes completos del proyecto y la constitución de una Comisión Mixta para estudios en terreno. Las conclusiones de la comisión permitirían que ambos países llegaran a un acuerdo definitivo que, según el texto de la nota, se entenderá sujeto a la Declaración de Montevideo a pesar de que la sola creación de esta comisión era más de lo que dicho instrumento sugería, además de que su competencia era sobre ríos, y no pantanos o ciénagas como era este caso.
Lamentablemente, el espíritu americanista del Presidente Gabriel González Videla le traicionó, llevándole a aceptar la totalidad de los términos de la nota boliviana y encargándole al Subsecretario de la Cancillería, Manuel Trucco Gaete, responder el 17 de enero de 1948 en nota Nº 539, dirigida al Encargado de Negocios de Bolivia, Gustavo Madeiros Querejazu. En la nota, se lee (los destacados son nuestros):
El subsecretario termina su nota diciendo (los destacados son nuestros):
Dos meses pasarían. El 12 de marzo, el Canciller chileno Germán Vergara Donoso, en nota Nº 002582, comunicaba al Embajador Ostria Gutiérrez los nombres de sus representantes en la Comisión Mixta que debía formarse prontamente: el Director del Departamento de Riego, don Miguel Montalva Calderón; el Ingeniero de Arica, don Julio Fernández Moena; y el ingeniero de Iquique, don Ricardo Hucke Matthei.Con gran manejo de los términos correctos y apropiados para esta nota, escribe el ministro chileno:
Como vemos en el último párrafo, el Canciller Vergara ya anticipa que el Lauca no puede ser sometido al criterio de ríos considerado en la Declaración de Montevideo, pues era técnicamente un arroyo y no un río internacional navegable, como define dicho instrumento internacional a los río alcanzados por sus disposiciones. Lamentablemente, sin embargo, esta línea de defensa no continuó ni fue convenientemente desarrollada por parte de Chile, ante su necesidad de demostrar que los trabajos no se hacían directamente sobre el Lauca, sino sobre la ciénaga de Parinacota, como veremos. Sin embargo, el lugar de dar prontitud a la designación de los comisionados, Ostria Gutiérrez buscó iniciar conversaciones directas con el Presidente González Videla. Esta clase de extrañas reuniones llenan de suspicacias, por cuanto parecen sugerir que el embajador intentó sacar algún partido al artificial asunto del Lauca, en favor de negociar alguna "salida al mar". Ante la demora, y probablemente al tanto de estos intentos de negociación, el 15 de abril el Canciller Vergara volvió a insistir en nota Nº 003800, enviada otra vez al representante altiplánico que parecía increíblemente desinteresado en aclarar el asunto del Lauca, por el que tanto había reclamado anteriormente. En la nota, el ministro chileno escribe:
Acorralado, Ostria Gutiérrez no pudo dilatar por más tiempo el asunto y contestó el 17 de abril de 1948, en nota numerada como 327/21. En ella, insiste en que se le proporcionen "los antecedentes completos que existen acerca del aprovechamiento de las aguas del río Lauca", pero ahora como condición previa para fijar la fecha de reunión de los comisionados. Agrega que este inesperado requerimiento se justifica "a fin de que sean estudiados por aquélla antes de que la Comisión Mixta se traslade al propio terreno". En frenética carrera por acumular todo cuanto fuese posible ofrecerle a la vista en torno al asunto de la captación de aguas de Parinacota, el Canciller respondió el 20 de mayo siguiente, remitiendo la totalidad de los antecedentes solicitados junto a la nota Nº 005382. Ante esta respuesta, la Embajada de Bolivia cedió y comunicó el 9 de julio los nombres de sus comisionados: El Ingeniero Director General de Hidráulica y Electricidad, Luis Quiroga Soza; el Ingeniero Carlos Saavedra; y el Ingeniero Miguel Gisbert. La comunicación fue hecha en forma verbal por el propio Ostria Gutiérrez. Se creía que las actividades de la comisión podría empezar tranquilamente, cuando el embajador Ostria Gutiérrez envió súbitamente una nueva nota a nuestra Cancillería, fechada el 31 de agosto, con el Nº 761/39. Curiosamente, este período de tiempo coincidía con la exigencia que el Presidente González Videla le hiciera al mismo embajador, al pedir que Bolivia renunciara a sus aspiraciones sobre Arica como condición de seguir cualquier conversación sobre el asunto de la "mediterraneidad". En esta nueva comunicación, el representante de Bolivia declara que la comisión de su país "ha encontrado que los documentos remitidos no son suficientes para formar un juicio exacto sobre el problema". Seguidamente, pasa a detallar los documentos que considera necesario agregar a la información proporcionada:
Como puede verse, sin embargo, Ostria Gutiérrez cometió un error retórico que pesaría más tarde al reclamo boliviano, por cuanto solicita, como ULTIMO PUNTO, información sobre la ciénaga de Parinacota donde nace el Lauca, por lo que admitía con ello que los trabajos se realizaban sobre estas fuentes y no sobre el caudal del río propiamente tal, como aseguraría años después.
Casi dos meses estuvo trabajando la parte chilena, período en el que el Canciller Vergara fue sucedido por don Germán Riesco Errázuriz. Finalmente, el día 26 de octubre de 1948 el nuevo ministro decidió entregar todos los antecedentes solicitados, pero incluyendo una magnífica petición al señalar que "la Comisión chilena desea saber cuál es la utilización que se hace actualmente de las aguas del río Lauca en territorio boliviano y desde qué fecha ella se realiza". A renglón seguido, solicitaba fijar lo antes posible la fecha de reuniones para la Comisión. Bolivia acusó recibo el día 3 de noviembre, pero no respondió a la consulta chilena. Nuevamente, Ostria Gutiérrez estaba acorralado. Intentando ganar tiempo, dos meses después instruyó al Encargado de Negocios, Jorge de la Barra, a responder en corta nota a la Cancillería chilena, con fecha 3 de enero de 1949, Nº 10/1, donde -en lugar de informar a Chile sobre lo solicitado- pide acceso a un nuevo documento: esta vez "la Memoria justificativa del proyecto para tener una idea completa de la magnitud de los gastos y de las obras a realizarse". A todas luces, se intentaba producir un atraso. No sabemos cuánto influyó en Riesco esta actitud hostigante de Bolivia, pero la siguiente nota chilena, del 11 de febrero, está firmada escuetamente por el Subsecretario Subrogante de la Cancillería, Enrique Berstein, y manifiesta en ella que otorgará la nueva información solicitada, pero insiste en la necesidad de que Bolivia decida sobre "la fecha en que podría reunirse la Comisión Mixta, a fin de no retardar por más tiempo la adecuada solución de este asunto". El día 21 de abril, Riesco dio por terminadas las conversaciones paralelamente sostenidas por el Embajador de La Paz sobre sus pretensiones portuarias. El 14 de mayo siguiente, La Paz respondía con nota del propio Canciller Luis Fernando Guachalla, al Embajador de Chile el Bolivia, Jorge Saavedra Agüero, donde reitera su deseo de proveerse de la Memoria justificativa del proyecto. Al respecto, es preciso detenerse en un punto crucial. La Memoria Justificativa es un documento con características de informe político y administrativo sobre un sector territorial, pero de orden e implicancia absolutamente interna. En efecto, aborda temas completamente ajenos al interés de otra nación o bien necesarios de mantener fuera del alcance de países extranjeros por razones estratégicas, como son las tasaciones de terrenos, cálculos de depreciación o acrecentamiento del valor de los territorios, características económicas de los mismos, potenciales de producción, valores comparativos, calidad de las superficies, etc. No había, entonces, ninguna razón para que Bolivia debiese conocer esta Memoria Justificativa en el marco de su evaluación del impacto de las obras de Parinacota sobre el caudal del Lauca, por lo que Chile perfectamente podría haberse excusado de entregar esta información y haberla negado a La Paz. En lugar de eso, La Moneda también proporcionó este documento. El 22 de junio de 1949, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile entrega la Memoria justificativa solicitada a las autoridades de La Paz, acompañada de un Memorándum de 16 puntos que recapitulaban extensamente todo sucedido en torno a esta cuestión, desde sus orígenes hasta aquel instante. En su punto cinco, la Cancillería advierte (los destacados son nuestros):
Y, en su punto 16, hace esta sorprendente observación que ha pasado inadvertida por casi todos los autores de uno y otro lado:
La Comisión, por fin, podía comenzar a trabajar.
El 29 de junio, viajaron a Arica los comisionados bolivianos reuniéndose con sus símiles chilenos el 5 de agosto, fecha en que suscribieron un acta conjunta luego de visitar e inspeccionar el sitio de las obras, la corriente del río, los afluentes y el curso de la hoya hidrográfica del sistema, con abundantes planos y notas de información técnica. En ella, se lee (los destacados son nuestros):
"1.- Que la Capacidad de las obras, es de 2,75 metros cúbicos por segundo, sujeta a la revisión para reducirla, de acuerdo con las últimas observaciones en las Ciénagas de Parinacota".
Y, seguidamente, concluyen:
No sabemos cuál fue el criterio para establecer en un "46,7%" el caudal captado por la obra, pues resulta exagerado. Los autores bolivianos también han aprovechado esta imprecisión para presentarla como otra prueba de que Chile "falseaba" los datos sobre el asunto del Lauca, ya que en la Memoria justificativa se hablaba sólo de un 30% de captación. Como hemos dicho, sin embargo, sólo en casos teóricos e irreales podría llegarse a captaciones efectivas superiores al 40%, pues si realmente fuera tanto como concluyó la Comisión Mixta, el Lauca moriría estancado y evaporado mucho antes de alcanzar el punto fronterizo. Hay sin duda un error allí que la mala fe paceña no ha dejado pasar en nuestros días. Aún así, quedaba claro que el proyecto tenía pleno ajuste a la legislación internacional y definía el "único punto pendiente" que Ostria Gutiérrez había mencionado dos años antes, el 18 de septiembre de 1947, pues era evidente que no afectaba el interés de Bolivia que, hasta ese momento, aún no informaba sobre el supuesto aprovechamiento de las aguas del Lauca por el lado suyo, que Chile le había solicitado detallar. Como el resultado de la Comisión era concluyente y su objetivo era aprobar o no a las obras -según la nota boliviana del 17 de enero del año anterior-, el día 3 de diciembre de 1949, la Embajada de Chile en La Paz entregó al Canciller boliviano, Alberto Saavedra Nogales, la nota Nº 2325 donde le recuerda (los destacados son nuestros):
La Cancillería de La Paz jamás respondió esta nota. Efectivamente, los estudios habían demostrado que sus alegatos eran del todo insostenibles. En nuestros días, Bolivia intenta sostener que la conclusión de la Comisión Mixta habría expuesto "profundas diferencias" entre ambas partes que la harían objetable como acuerdo o aprobación, aludiendo a supuestos comentarios dudosamente vertidos en la publicación de los trabajos por parte de los comisionados bolivianos al momento de ser revelados. Sin embargo, omiten intencionalmente mencionar que esas declaraciones, de existir, habrían sido formuladas en La Paz el día 8 de julio, al momento de publicarse oficialmente, y no formaban en ningún caso parte de la declaración formulada en forma concreta tres días antes, que aquí hemos reproducido en su totalidad. Cuatro años más pasarían sin que el Palacio Quemado volviese a retomar el tema. Tras cuatro años más de silencio, llega una tercera ofensiva altiplánica (1950-1953) Fuertes vientos de división interna volvieron a agitar a La Paz en los años siguientes. Hacia 1950, una violenta ofensiva de los revanchistas bolivianos que esperaban "recuperar" Antofagasta, convirtió en un fiasco las negociaciones que Ostria Gutiérrez había llevado para conseguir una salida al océano por el norte de Arica, a través de una faja o corredor hacia la costa. Aquel mismo año, Chile presentaba en la Conferencia Mundial de Energía de Londres su intención de desarrollar proyectos de irrigación la zona norte similares a los del Lauca, que incluían la posible construcción de una central hidroeléctrica. Bolivia no dijo una sola palabra sobre este asunto. Las polémicas declaraciones del Presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, terminaron por sepultar esta opción. El Presidente González Videla, embriagado de sentimientos conciliadores, había comunicado al mandatario yanqui el proyecto chileno de captación de aguas en 1950, desconociendo que -desde hacía varios años- La Paz estaba golpeando insistentemente las puertas de la Casa Blanca a la espera de un apoyo a sus pretensiones portuarias. Como era de esperar, Truman de inmediato creyó posible conectar el proyecto del Lauca con una satisfacción a las aspiraciones bolivianas, y así lo comunicó al iniciarse las reuniones de la IV Conferencia de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en marzo de 1951, encuentro que tuvo la particularidad de haber sido controlado desde las sombras y en su totalidad por los servicios del Pentágono. Ignorante de que las conversaciones al respecto estaban suspendidas junto a la misión de Ostria Gutiérrez desde junio del año anterior, Truman supuso factible que Bolivia cediera derechos de uso de aguas dulces a Chile a cambio de un puerto, dando oportunidad a la creación de lo que llamó un "vergel en la costa occidental de Sudamérica". El haberse mostrado llano a atender esta posibilidad le costó caro a González Videla: la ola de reclamos y molestias populares no se hicieron esperar, al punto de que debió desentenderse de tales afirmaciones por cadena radial el 29 de marzo siguiente. Durante aquellos mismos años, los trabajos de Parinacota avanzaron muy por encima del punto sin retorno, estando la mayor parte de ellos concluidos hacia 1953. El 11 de mayo de ese año, la prensa difundiría en Chile la noticia de que los ejecutivos de la Empresa Nacional de Electricidad había inspeccionado el Lauca para evaluar la posibilidad de instalar una central hidroeléctrica para abastecer Tarapacá y Tacna. Como sabemos, después del agua dulce el gran recurso que escasea en el norte de Chile es la energía, situación ante la cual la mentalidad conocida de la clase política boliviana y su particular estructura moral, ha visto con frecuencia una posibilidad de presión y oportunismo para sus pretensiones portuarias. Así, el 10 de diciembre de 1953, el Subsecretario de la Cancillería de La Paz, Germán Quiroga Galdo, en representación del ministro, dirigió al Embajador chileno Luis Rau Bravo la nota Nº P. y D. 825, donde reflota de la nada la gastada cuestión del Lauca. Efectivamente, La Paz había esperado pacientemente a que las obras estuviesen prácticamente terminadas y consumadas para levantar una nueva humareda diplomática. Entre otras cosas, la extensa nota boliviana dice:
Como si los cuatro años desde el Acta de la Comisión Mixta de 1949 hubiesen sido un par de semanas, la Cancillería de La Paz tuvo el grosero descaro de agregar en su nota, más abajo y refiriéndose a la observación chilena de que las conclusiones de los comisionados eran el trámite final que se necesitaba para dar curso a las obras, lo siguiente:
A continuación, la Cancillería pasaba a repasar tediosamente todos y cada uno de los intrumentos y alcances de derecho internacional sobre los que la Comisión de 1949 había comprobado pleno ajuste del proyecto del Lauca. Y tras recordar los detalles en que se dio la creación de esta Comisión, agrega:
Estas observaciones son una falsedad sin nombre. En ninguna de las dos notas mencionadas, ni tampoco en la de 1939, Bolivia formuló observaciones pertinentes a los trabajos, sino que se limitó a presentar sus reparos de forma muy general e imprecisa. En ningún caso se refirió entonces a algún acuerdo completo y definitivo de naturaleza independiente a los resultados directos de la Comisión, como ahora pretendía. Como dijimos, en la nota de 1947, Bolivia señala que ambos gobiernos concertarán una base definitiva de acuerdo "sobre la base de tal dictamen" (de la Comisión Mixta); y la de 1948, llegaba más allá declarando que la Comisión Mixta estará "encargada de dictaminar al respecto a fin de que ambos países lleguen a un completo y definitivo acuerdo sobre los trabajos en estudio...". Y, más encima, si acaso algo quedaba pendiente atendiendo esta tendenciosa interpretación del contenido de los oficios, el haber puesto en condición de los resultados de lo resuelto por los comisionados la aclaración de los últimos puntos del caso, significaba, por lo tanto, que sólo podría ser una ratificación formal de ambos Gobiernos a la aprobación explícita que la misma Comisión ya le había dado al proyecto en 1949. Pero Bolivia se traía entre manos otra idea. Respuesta chilena al nuevo reclamo (1954) El inesperado nuevo reclamo descolocó a La Moneda. Años de informes, entregas de documentación técnica y trabajos en terreno eran súbitamente arrojados al papelero, abriendo campo nuevamente a la incertidumbre y la intriga artificialmente concebida. El 25 de febrero de 1954, La Moneda instruyó al Encargado de Negocios en La Paz, Francisco Valdivieso, para que respondiera al oficio boliviano. Cerca de dos semanas estuvo concentrada la Embajada, redactando la respuesta, con la intención de que fuese definitiva y concluyente. Así, el 10 de marzo, contesta al Canciller de La Paz, Federico Fortún Sanginés, con un contundente texto (nota Nº 289) en el que podemos leer las siguientes conclusiones (los destacados son nuestros):
Aunque ya se había dado pie a la permanente denominación de "río" para el Lauca, que como vimos, técnicamente sólo es un arroyo. Nótese, sin embargo, que el representante chileno no reconoce el carácter internacional del Lauca que Bolivia insistía en adjudicarle. Como también se observa, hacía añicos el reclamo boliviano recordándole el plazo fatal de tres meses que la Declaración de Montevideo consideraban para denunciar perjuicios por usos de aguas internacionales. La respuesta, nuevamente, dejó mudas a las autoridades del Palacio Quemado... Ni siquiera se pronunciaron cuando, ese mismo año, durante la V Conferencia Mundial de Energía celebrada en Brasil, la delegación chilena volvió a manifestar sus intenciones de ocupar cursos de aguas nortinos para irrigación y obtención de energía. Otros cuatro años pasarían antes de que volviesen a acordarse del Lauca.
En 1958, el Movimiento Nacionalista Revolucionario del ex-Presidente Víctor Paz Estenssoro, en Bolivia, pasaba por un difícil momento de cohesión con Hernán Siles Zuazo en el Palacio Quemado, al punto de tener que renovar su propio Manifiesto durante la VIII Convención del Partido, pocos años después según veremos. El otrora movimiento vulgar copión del Partido Nacional Socialista Alemán, que habíale declarado la "guerra al hombre blanco" y propiciado la grotesca revolución de 1952, ahora, perfilaba una política zalamera y complaciente hacia los Estados Unidos, tras años de demonización y conjuros políticos contra este país. En su desesperación por evitar el colapso, Paz Estenssoro y Siles Zuazo cometieron el error de intentar desarmar a las guerrillas de los campos, que habían aparecido por todas las comunidades indígenas lideradas por el energúmeno Juan Lechín, lo que acabó por agravar la situación. El estado social y político de Bolivia no podía ser más pesimista y peligroso. En estas circunstancias, la oportunidad de resucitar la cuestión de la mediterraneidad se presentó como la única opción para aunar fuerzas y opiniones en La Paz. Pero habían algunos problemas para Siles Zuazo y los suyos: Paz Estenssoro había firmado acuerdos con Chile recientemente, donde reafirmaba la vigencia del Tratado de 1904 ampliando sus beneficios. La cuestión del Lauca era la tabla de salvación, entonces, para la estabilidad del país. Irónicamente, el mentor intelectual de este reclamo boliviano, Ostria Gutiérrez, era en esos momentos otro de los innumerables políticos perseguidos y hostigados por el gobierno revolucionario. Y así fue... El 24 de junio de 1958, cuando se terminaba la última etapa de los trabajos de aprovechamiento de aguas, el Embajador boliviano en Chile, Renán Castrillo Justiniano, presenta al Canciller chileno Alberto Sepúlveda, una nueva e inesperada nota (C. Ch. Nº 26/58) en la que escribe:
A continuación, su evocación a la monserga del Lauca pasa a detallar tediosamente los tópicos de este asunto, remontándose nuevamente a sus inicios en 1939 y resucitando las observaciones que habían quedado desvirtuadas con el trabajo de la Comisión Mixta de 1949. Sin embargo, en un párrafo que es crucial para enteder la intención paceña de desconocer los resultados de esta Comisión, el Embajador de Bolivia declara:
Como se ve, no sólo se hacía vista gorda nuevamente a los otros cuatro años pasados desde la última vez que se abordó el tema, sino que también se pretendía presentar una frase dentro del Acta fuera de su contexto y ajena a las conclusiones a que la Comisión Mixta llegó en la misma. Es decir, una parte por el todo. Para poder fundamentar tamaño engaño, el representante altiplánico apelaba en su nota a las contradicciones de datos técnicos y términos utilizados en los distintos oficios chilenos ("desviación de aguas" versus "captación de aguas", por ejemplo). Valiéndose de esta débil argumentación, y agregando que la inclusión del proyecto hidroeléctrico alteraría lo acordado, el representante propuso la creación de una nueva Comisión Mixta para evaluar los trabajos y ver que se ajusten a lo observador en las inspecciones anteriores y en el cuerpo original del proyecto. Absurdo, sin duda, porque una mera inspección ocular habría demostrado que el lugar de los trabajos seguía siendo la ciénaga de Parinacota y, si se quería hilar fino, las características técnicas del Lauca lo sacaban de la categoría de "río internacional", no lo hacían "navegable" y, por lo tanto, quedaba fuera de la Declaración de Montevideo, tan manoseada por Bolivia. El Canciller Sepúlveda acusó recibo de la nota el 30 de agosto siguiente, en nota Nº 13659. Chile refuta el nuevo reclamo. Se propone otra Comisión Mixta Insistiendo en sus puntos, el Embajador Castrillo volvió a enviar nota el día 29 de octubre de 1958, donde pide la suspensión de las captaciones de las aguas del Lauca hasta que se constituya la Comisión Mixta. Sin embargo, reconoce las profundas diferencias entre el mecanismo de la Comisión de 1949 y el contemplado en la Declaración de Montevideo, pero se justifica apelando al "espíritu conciliatorio" y a su "su fé y confianza". En tanto, a la Cancillería de Chile retornó Germán Vergara Donoso. Preparó su respuesta el 6 de mayo de 1959, en nota Nº 3356 presentada al Embajador boliviano. En ella, el Canciller -luego de introducir a la cuestión con un resumen- desglosa su respuesta en tres capítulos y dos puntos finales:
Y, abundando en sus dos puntos finales, el Canciller sentencia:
Esta respuesta hubiese sido suficiente para desentenderse definitivamente de los reclamos sobre el Lauca. Pero, para desgracia de Chile, el americanismo había comenzado a cundir entre intelectuales y políticos de la época con gran fuerza y acento, alcanzando lamentablemente a La Moneda y al Presidente Jorge Alessandri Rodríguez, por lo que no es de extrañar que se haya cometido el error de atender cordialmente las descabelladas observaciones que se formulaban desde La Paz sobre el asunto del Lauca, ya tres veces antes concluido. El 29 de julio de 1959, el Embajador Castrillo decide insistir y envía a la Cancillería de Chile una nueva nota, en la que se lee:
Después, intentando zafarse del hecho de que Bolivia había tenido sólo tres meses para responder a las conclusiones de la Comisión en lugar de los cuatro largos años que se tomó, escribe: "Es norma procedimental, universalmente admitida, la de reponer obrados desde el punto en que se cometió el vicio o error. Esto es lo que el Gobierno de Bolivia propone al de Vuestra Excelencia, en la seguridad de que es el único medio de llegar al entendimiento sobre este asunto, al que ambas partes se han comprometido". El 23 de noviembre, por encargo de La Moneda, la Cancillería finalmente acepta una nueva inspección de las obras. Fundamentales en esta decisión resultaron las conversaciones que el ministro Vergara sostuvo directamente con el Embajador de Bolivia, en Santiago. El memorándum del Ministerio de Relaciones Exteriores, con la fecha señalada, declararía:
Paralelamente, el mismo día la Cancillería enviaba también al embajador boliviano la nota Nº 17357, en la que se extiende un poco más en esta misma decisión. Castrillo respondió el día 25 siguiente, advirtiendo que dará oportuno aviso de la designación de los nuevos comisionados y de la fecha para iniciar trabajos. Adicionalmente, alude a los informes iniciales sobre el proyecto de la Empresa Nacional de Electricidad, ENDESA, que La Moneda le había proporcionado antes y que ya estaban en La Paz. El 28 de julio de 1960, el Canciller Enrique Ortúzar Escobar comunicó, por nota Nº 9942, el nombre de los comisionados escogidos: los ingenieros del Ministerio de Obras Públicas Renato Rodríguez Ortiz y Nicanor Rojas Brito, y el Comandante Arturo Ayala Arce, del Instituto Geográfico Militar y a la sazón miembro de la Comisión Chilena de Límites que ya estaba destacado en la zona a la espera de iniciar las inspecciones. Agregaba el ministro chileno que la reunión podría realizarse el día 22 de agosto en Chapiquiña, pero que era conveniente que los técnicos se encontrasen primero en Arica, dos días antes. El día 12 de agosto, el Embajador Castrillo pedía postergar las reuniones para los días 10 y 12 de septiembre, anticipando el nombre de sólo uno de los comisionados: el Director General de Límites, Antonio Mogro Moreno. Recomendaba, además, que reuniese con su par chileno en Arica. Chile respondió por nota del subsecretario Sótero del Río, el 19 de agosto, quedando a la espera del nombre de los demás comisionados bolivianos. Éstos fueron definidos sólo el 1º de septiembre en nueva nota boliviana: a Mogro Moreno se unían los ingenieros Hugo Zárate y Antonio F. Gelarza, ambos del Ministerio de Obras Públicas, más el Mayor Paul de Palacios, miembro del Instituto Geográfico Militar de Bolivia. La nota chilena del 7 de septiembre hace notar que las observaciones se harán en torno a las bases del proyecto de captación y a las conclusiones de anterior Comisión de 1949. Adicionalmente, aceptaba la propuesta del 12 de agosto pasado, informando que el Jefe del Departamento de Fronteras de la Cancillería, don Enrique Gajardo Villarroel, viajaría a Arica a reunirse con su homólogo boliviano. Once años después de la primera Comisión, comenzaría a trabajar la segunda, con el fin de verificar el ajuste de los actuales trabajos de captación con las conclusiones de su antecesora, validando así la declaración de 1949 que tantas veces sería objetada y desconocida en el futuro por los propios bolivianos.
El 9 de septiembre de 1960, los comisionados se reunieron en Arica. El día 10 visitaron al valle de Azapa verificando la situación de la represa de distribución que permitiría regar la zona agrícola. Recorrieron totalmente a pie las obras de revestimiento del canal y su caudal. Al día siguiente, visitaron el aforo del río Guallatiri y su confluencia con el río Lauca. El día 12, en las ciénagas mismas, inspeccionaron cuidadosamente la represa de derivación y los delegados bolivianos midieron en persona los caudales y el vertedero de la represa. Continuaron revisando en Arica la información recolectada y, finalmente, el día 14 dan por terminado el trabajo suscribiendo un Acta final.
Como resumen, queda claro, clarísimo y de manera indiscutible, que las observaciones de los comisionados sobre los canales de toma y conducción estaban ajustados perfectamente al proyecto original (punto 2º del Acta), y que las nuevas obras no alteran para nada el proyecto original (punto 4º del Acta). La única objeción era la planteada al final del proyecto que, sin embargo, se salía del objetivo del estudio desarrollado por la Comisión por cuanto no se inscribían dentro de la necesidad de evaluar si las obras alteraban o no el proyecto original, sino dentro de la preocupación de Bolivia de si las obras afectaban o no a su interés de que no se variase el caudal del Lauca. Es necesario, sin embargo, precisar este punto, pues el revanchismo boliviano lo ha recordado insistentemente hasta nuestros días, alegando que el Acta era un testimonio de "disconformidad" de sus comisionados con respecto al grueso del proyecto. Dice ella que la totalidad del caudal original del Lauca es captado por la represa de derivación, asunto que es ladrado con bombos y platillos en Bolivia; sin embargo, omiten decir que el Lauca sigue siendo alimentado por sus afluentes, recuperando casi la totalidad del caudal al llegar a la frontera. Uno de estos afluentes, el río Guallatiri, según el mismo informe, proporciona un metro cúbico por segundo. Sin embargo, en su momento, los comisionados bolivianos, en lugar de estimar que la captación de aguas en ese punto ya era perjudicial para su país manifestándolo en forma concreta y precisa en el Acta (contaban con todas las herramientas técnicas para hacerlo), se limitaron a evitar dar a conocer cuál sería dicho perjuicio, optando simplemente por negarse a aceptar la conclusión chilena de que:
Como se puede recordar, Bolivia llevaba ya más de 20 años reclamando daños a sus intereses por las obras chilenas del Lauca, sin especificar a qué correspondían. Y tampoco lo hizo aquella vez. Concluía así el alcance del Acta de 1960.
Pero ese mismo año de 1960, el nuevo gobierno de Paz Estenssoro comenzaría a tambalear a penas acabado de asumir, el 6 agosto. La razones se encontraban en la gravísima crisis interna del Estado y las profundas divisiones de los grupos políticos al interior del MNR, especialmente evidenciadas en su VIII Convención, cuando quedó atrás la línea antinorteamericana y el Palacio Quemado volvió a arrojarse perdido de amores por Washington. Esto motivó la visita a La Paz del Presidente del Banco Interamericano, Felipe Herrera, en marzo de 1961. A su partida, declaró ingenuamente que Paz Estenssoro era "uno de los estadistas latinoamericanos más prominentes, que realiza labor efectiva para su país". En tanto, un acercamiento al Perú y la definitiva distancia entre Chile y Argentina luego de la polémica visita del Presidente Frondizzi a la Antártida, también en marzo de 1961, empeoraron las ya deterioradas relaciones vecinales chilenas, ocasión que Paz Estenssoro no desperdiciaría en su necesidad de aunar y cohesionar las fuerzas internas de Bolivia. El discurso revanchista se hizo pan de cada día en los medios paceños. Bolivia intentó colocar también el tema de su mediterraneidad en la agenda de la Conferencia Interamericana de Quito, que debía celebrarse en mayo. La noticia de esta intención llegó en abril a oídos del embajador chileno en La Paz, don Manuel Trucco, quien se puso en contacto inmediatamente con el Canciller Germán Vergara para obtener de él, el 11 de abril, una autorización para tomar precauciones. Como el Palacio Quemado no tenía argumentos sobre los cuales sentar sus pretensión portuaria, recurrió a un circense argumento que hoy parece irrisorio: especular que la nueva Constitución Política, que por entonces estudiaba el Parlamento, incluiría una cláusula que estableciera su aspiración marítima en forma oficial y permanente. Pagando tributo a la costumbre boliviana de no respetar acuerdos ni compromisos, casi inmediatamente después del informe de la comisión mixta, asumió una agresiva actitud con la que, haciendo vista gorda de todas las veces que el tema había sido tratado, reclamó la anulación del proyecto porque, a su juicio, la captación de una pequeña cantidad de agua en el Lauca era un acto "inamistoso", que violaba las normas de derecho internacional. Acto seguido, envía una nota de protesta contra el proyecto. En este contexto, Trucco se reunió largamente con el Canciller boliviano Eduardo Arze Quiroga, el 10 de julio. En la reunión se le planteó al ministro altiplánico la inconveniencia de un plan para satisfacer aspiraciones marítimas pasando por encima del Tratado de 1904. En la ocasión, el ministro paceño manifestó que Paz Estenssoro tenía la voluntad de venir a reunirse con el Presidente Alessandri Rodríguez, dejando encendida, así, la pipa de la paz. No volvió a escucharse algo del tema por algunas semanas en la capital boliviana. Sin embargo, la crisis mundial y la guerra fría llevaron al Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, a la organización de proyectos intervencionistas sobre América Latina, como la llamada "Alianza para el Progreso". En agosto, además, se realizaba en Punta del Este la Conferencia de los Cancilleres de América para abordar éstas y otras materias. Bolivia llegó a esta instancia lista para plantear la revisión del tratado con Chile, apoyada por la delegación cubana y, aparentemente, también por Argentina. Pero sólo el apoyo de un gigante como el Brasil habría garantizado la anuencia de la Casa Blanca a este proyecto. Coincidentemente, caía el 26 de agosto el Presidente del Brasil don Janio Quadros, por lo que el intento diplomático de Bolivia no consiguió oportunidad para ser presentado. En tanto, el asunto del Lauca seguía dormido y La Paz siguió respetando el resultado de la Declaración de la Comisión Mixta en Arica, del 14 de septiembre del año anterior. Pero toda esta fantasía estaba por diluirse violentamente. Figuras como el senador Ezequiel González Madariaga y el historiador Oscar Espinosa Moraga advirtieron seria y oportunamente sobre el peligro que se venía encima a pesar de la aparente tranquilidad, recibiendo las burlas y mofas de los siempre ignorantes americanistas y entreguistas chilenos, que creían zanjado el asunto con La Paz. Al poco tiempo, estos infelices burlones debieron tragarse amargamente las cucharadas de la hiel de la vergüenza, al producirse uno de los más graves quiebres diplomáticos que Bolivia haya provocado desde la Guerra del Pacífico y en la que, nuevamente, comenzó a rondar el fantasma de la participación cómplice de la Argentina en el interés altiplánico, según veremos más abajo. El 31 de octubre comenzarían los problemas, otra vez. En la ocasión, el Canciller Arze Quiroga envió a La Moneda una nueva nota, en la que reclama repitiendo por enésima vez el extenuante obertura para el himno del Lauca:
A continuación, el ministro vuelve a repasar la gastada y fatigante monserga en contra de los trabajos en el Lauca, pero ahora agrega con desparpajo que Bolivia "nunca" -desde 1839- ha aprobado las obras, que las Comisiones de 1949 y 1960 que "constataron en el terreno, la desviación del río" y que Chile no ha presentado "la denuncia formal del alcance de las obras" al Palacio Quemado. Con los trabajos prontos a ser inaugurados, esta nueva protesta de Bolivia estaba fuera de toda lógica de tiempo y lugar, además de falsear internacionalmente las conclusiones de las Comisiones y la constante entrega de información de parte de Chile. De este modo, el 20 de noviembre de 1961 las aguas del Lauca pasaban por la compuerta del Departamento de Riego, inaugurada a las 16:00 hrs. Por iniciativa de la Junta de Adelanto de Arica, también moverían las aspas de un generador proyectado en Chapiquiña, de 22.000 kw. Sólo bastaba iniciar la traslación de aguas hasta Azapa para concluir el proyecto. Para ese mismo momento del mes, se había preparado un estudio para la firma de un beneficioso convenio para Bolivia, en donde se concretaría la unión ferroviaria entre Arica con La Paz y Oruro, además de ceder edificios aduaneros para el Altiplano. Las conversaciones se habían iniciado hacia el mes anterior, y se había fijado una visita del Ministro de Obras Públicas boliviano, don Mario Sanginés Uriarte, para el 28 de noviembre. Sin embargo, el ministro canceló la visita, enviando en lugar de su propia humanidad una nueva nota de protesta por la ocupación de las aguas, el día 22 siguiente. En el memorándum presentado se lee una insólita amenaza final (los destacados son nuestros):
Al día siguiente, antes de esperar cualquier respuesta chilena, una nueva nota de la Cancillería de La Paz postergaba la visita del ministro boliviano "hasta lograr acuerdos preliminares a la negociación aludida". Hubo una gran confusión sobre el origen de estas reacciones. Muchos creyeron que provenían de los sectores más revanchistas del cuerpo militar boliviano, instancia que ha tenido amplia influencia en la historia del antichilenismo local. Otros -con alguna suspicacia- advirtieron que el Gobierno del Altiplano pudo haber adivinado la muerte de todos sus propósitos reivindicacionistas sobre el litoral atacameño, al recibir el nuevo y tremendo aporte en inversiones de parte de Chile, que saldaría cualquier supuesta "deuda histórica" a los ojos de la comunidad internacional. No menos probable era el hecho de que la actitud confrontacional del Presidente Paz Estenssoro podría provenir de su temor de que Perú reclamase una parte del Lauca u otros ríos que alimentasen al Titicaca.
El 5 de diciembre de 1961, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile emite una de sus respuestas más enérgicas y detalladas durante todo este conflicto, en su nota Nº 16.939 entregada al embajador boliviano Germán Monroy Block. Esta nota es importantísima, pues desvirtúa completamente la argumentación seguida hasta ese momento por Bolivia. Dice la Cancillería, en este documento, a propósito de las invocaciones de Bolivia a la Conferencia de Montevideo para exigir que sus disposiciones se aplicaran al caso del Lauca (los destacados son nuestros):
Abundando después en la acusación de que los trabajos habían sido decididos "unilateralmente" por Chile desconociéndose, con ello, los resultados de las Comisiones de 1949 y 1960, dice la nota chilena (los destacados son nuestros):
Más abajo, sobre el plazo considerado en la Declaración de Montevideo para que un país presente sus observaciones sobre cualquier alteración en el caudal de un río por un país que también sea ribereño, dice la nota (los destacados son nuestros):
Recordando los resultados de la Comisión de 1960, la nota informa (los destacados son nuestros):
El 30 de diciembre el Palacio Quemado respondió la nota chilena del día 5 pasado, en oficio con Nº A.G.950. A todas luces, los bolivianos intentaron atrincherarse con ella en conceptos parciales de la Declaración de Montevideo, haciendo caso omiso a las observaciones chilenas sobre la precariedad de sus argumentos. Como veremos, el Canciller Arze Quiroga no mostró escrúpulos para falsear datos científicos sobre el Lauca, en su afán por dar peso a los ligeros fundamentos de su reclamo. A pesar de todo, el ministro cometió un grave error para su posición desde el principio, al admitir en sus escritos que los trabajos no eran sobre el caudal del Lauca, sino sobre la ciénaga naciente (los destacados son nuestros):
Haciendo ya entonces el mismo tipo de evocaciones a los falsos e ingenuos vientos de integración continental que se escuchan hoy en día (tan del gusto de los entreguistas), el Canciller boliviano parte exigiendo que la aprobación de parte de Bolivia exigía un "acuerdo" de por medio, que no se había realizado, y agrega:
Al comenzar a profundizar en el asunto, Arze Quiroga intenta explicar lo que considera el alcance de los términos "desviación" y el de "captación", este último utilizado por Chile para referirse al proyecto. Pero aquí comete otro de sus más garrafales errores (los destacados son nuestros):
A parte del nuevo reconocimiento explícito de que los trabajos son en la Ciénaga de Parinacota y no sobre el lecho o el caudal (cosa que Bolivia negaba antes y después de esta nota), Arze Quiroga incurre en una falta a la realidad sorprendente, que podría ser atribuida de forma facilista a la ignorancia del Canciller, si no fuese porque es sabido que, a la sazón, era uno de los políticos más eruditos y expertos en materias internacionales de Bolivia: el aludir a una alteración en el principio de "divortium aquarum" (división de aguas) por la intervención de su caudal que, precisamente, no divide la frontera, sino que la atraviesa. El dislate es mayor cuando señala luego que los trabajos están realizados en Parinacota, que es enteramente chilena. ¿Cómo va a ser posible, entonces, la aplicación de un principio divisor de aguas si él mismo está diciendo que la "alteración" se produjo dentro de territorio chileno? ¿Cómo se va a poder desviar "la totalidad del gasto del Lauca" sin que éste, entonces, muera a sólo unos metros de las ciénagas en lugar de seguir corriendo hasta conectar con el Sajama y con la cuenca del Titicaca que su misma nota indica? Tras una tediosa y redundante exposición semántica, repleta de desvaríos como los señalados, continúa:
Con esta afirmación, el ministro boliviano sólo buscaba confundir y zafarse de la conclusión de la Comisión de 1949, sobre la inexistencia de la "desviación" del Lauca que ahora daba por cierta. La definitiva y contundente investigación técnica de los comisionados quedaba desplazada, de un momento a otro, por una discusión intrascendente e irrelevante sobre el término "desviación", que fue utilizado impropiamente en los primeros años del proyecto para titularlo. Posteriormente, volviendo a hacer uso de recursos logomáquicos para basar su argumentación, el ministro recuerda que la nota donde se anuncia la constitución de la Comisión Mixta, por el acta firmada en 1948 por Chile y Bolivia, decía en su punto tercero que ambos países "llegarían a un acuerdo completo y definitivo". A su juicio, declara que por un "acuerdo" se refería el documento a un tratado de carácter internacional, cuando es evidente que el texto de la Declaración se aludía al acto de despejar las dudas respecto de los trabajos en el Lauca, lo que quedó hecho en el informe extendido por la Comisión Mixta. Sin embargo, para poder evadir este resultado adverso, agrega:
El juego de Arze Quiroga se hace clarísimo en estas líneas: primero, desconocer que todo lo relacionado con la esencia del trabajo sobre el Lauca quedó aclarado con el Informe de los comisionados de 1949, y que la "insuficiencia" de información fue acusada sobre proyecciones del mismo, no sobre sus fundamentos; y dos, que la segunda Comisión de 1960 tenía por objeto evaluar si el proyecto había sido modificado o alterado con relación al resultado del Informe de 1949, cosa que se comprobó como irreal. Es por esto que el ministro apela a elementos nuevos y especulativos aportados por los comisionados bolivianos de 1960, pero fuera del campo de trabajo que la propia constitución de la Comisión se había fijado. Tras apelar nuevamente a la Declaración de Montevideo, sin embargo, Arze Quiroga se enfrentó a uno de los más sólidos argumentos chilenos, respecto de que un país tenía derecho a utilizar el caudal de un río sin consentimiento del otro que lo comparte, siempre y cuando no lo afecte ni lo dañe. Como era sabido que el Lauca no es aprovechado en el lado boliviano, el ministro intentó exponer un fantástico panorama de relación estrecha con el río de parte de los lugareños, señalando:
Esta afirmación adolecía de tremendos errores, pues la cuenca del Lauca era una zona prácticamente despoblada desde hacía siglos, y las únicas incursiones humanas estaban reducidas sólo hasta las orillas del río Sajama, en Huasquiri, Acoribes y Chipaya. En este río desemboca el Lauca, del lado boliviano. El Sajama continúa su curso hacia Coipasa aportando la mayor parte del caudal que corre en este tramo, enteramente en territorio boliviano y a kilómetros de los trabajos de captación chilenos. Tan superior es su caudal que si el Lauca desapareciera completamente, el río Sajama seguiría su curso perfectamente al poder prescindir del escaso aporte que hace a su caudal, a pesar de que al río se le siga llamado "Lauca" desde el tramo donde conecta con el verdadero. El Censo Agropecuario de la Dirección Nacional de Estadísticas de la República de Bolivia, realizado en 1960, había demostrado que dentro del territorio de 1.146.333 hectáreas de la Provincia de Carangas, del Departamento de Oruro, precisamente la zona regada por el Lauca, existían apenas 48 propiedades agrícolas que utilizan una superficie cultivable de sólo 804,7 hectáreas. Estos terrenos eran usados casi enteramente para la siembra de quinoa y papa, cultivos que no requieren de irrigación continua, sino que aprovechan las aguas pluviales. Las obras "Travaux de l'Institut Français d'Etude Andines 1957-1958, París-Lima", y la "Geografía" del boliviano Alfredo Ayala (1956, Editorial Gisbert y Cía de La Paz), agregan que los 6.750 habitantes de Carangas se distribuían en una escasa densidad poblacional de sólo 0,6 habitantes por kilómetro cuadrado, y que los habitantes de los poblados de Huasquiri, Arcoribes y Chipaya no superaba las 200 almas en cada uno, encontrándose en zonas frías de poco y nulo aprovechamiento agrícola, a 4.000 metros sobre el nivel del mar. Inclusive, pobladores de origen Chipaya debieron ser erradicados hasta Yungas para sacarlos de tan hostiles territorios, evitando su virtual desaparición. Esto demuestra la falsedad y lo tendencioso de las aseveraciones de la nota del Canciller altiplánico. Pero la afirmación más disparatada aparece inmediatamente después, cuando el ministro boliviano inventa al Lauca propiedades mágicas sobre la climatología de la zona y advierte que los peligros ni siquiera no reales, sino especulativos, "futuristas" (los destacados son nuestros):
Las apreciaciones de Arze Quiroga eran un verdadero insulto a la inteligencia. Los escasos metros cúbicos que podría haber captado Chile en la ciénaga sólo podrían "afectar" el clima en una delirante imaginación como la del Palacio Quemado. Además, los daños potenciales, supuestos y "futuristas" no son considerados en el derecho a uso de aguas compartidas, pues, de otro modo, ningún país podría hacerlo al afectar de un modo u otro "el futuro" de esa nación que comparte el río. El daño o la alteración debe ser grave y actual, no supuesto e imaginario.
El tenor confrontacional de la nota de Arze Guervara era tan evidente que La Moneda estimó innecesario responder a las refutaciones del ministro, cuyo único objetivo era reabrir un debate técnicamente agotado y extenuado. Sin embargo, animado por el eterno espíritu de dogmática integración que aloja en la diplomacia chilena, la Cancillería instruyó al embajador Trucco de evitar la ruptura ofreciendo procedimientos que mediaran entre las serpientes, cual caduceo de Mercurio, y respondió el día 18 de enero de 1962, manifestando que su Gobierno tenía buenas intenciones para resolver el asunto, incluso recurriendo a alguna forma de solución:
La oportunidad perfecta para haber cerrado definitivamente el tema, rechazando de un sólo plumazo las extravagantes afirmaciones bolivianas sobre la cuestión del Lauca resumidas en la nota del 30 de diciembre, no sólo fueron desaprovechadas, sino que, en nombre de la amistad y la buena vecindad, se abrió una puerta para que fuesen legitimadas por Bolivia. Sorprendido por la forma en que el Chile ofrecía el cuello al cuchillo de sacrificios, el Canciller de Bolivia, José Fellman Velarde, respondió velozmente la nota de Trucco, entregándola el 9 de febrero. El nuevo ministro, a la par de ser uno de los personajes más oscuros de la política boliviana, tenía desatadas ambiciones presidenciales y una tendencia casi innata al populachismo. En sus escuetas pero entusiastas líneas, el ministro se muestra simpatizante de la propuesta de negociaciones directas, pero exige (los destacados son nuestros):
Dicho de otra manera, Fellman Velarde ponía como condición de cualquier clase de negociación, partir dándole la razón a Bolivia y acatar su deseo de que se suspendieran las obras y las captaciones de aguas, ¡antes de iniciadas las conversaciones!. Haber aceptado esta exigencia habría equivalido a decidir por anticipado en favor de Bolivia y condenar al fracaso cualquier tentativa de acuerdo al respecto. Nuevamente, el intento absurdo de La Moneda de mostrarse salomónica y sabia, se volvía peligrosamente en su contra. La explicación de toda esta situación era muy sencilla: Fellman Velarde estaba iniciando una nueva ofensiva diplomática para provocar la revisión del Tratado de 1904 y conseguir para Bolivia una satisfacción a sus aspiraciones portuarias. La oportunidad de enganchar el tema del Lauca con el de sus pretensiones litorales, indirectamente ofrecidas en la propuesta de negociaciones ingenuamente extendida por Trucco, le caía del cielo a la Cancillería altiplánica. En una reunión del 27 de febrero, el embajador boliviano Germán Monroy Block propuso formalmente al Canciller Martínez Sotomayor la nueva estructura de la aspiración portuaria de Bolivia. Adicionalmente le invitó para que viajara a La Paz. Como se recordará, el ministro de Obras Públicas de Bolivia, Sanginés Uriarte, se había negado a viajar a Chile hacía un par de meses, aludiendo a la cuestión del Lauca, por lo que el Canciller chileno se excusó poniendo como condición a su visita sólo que el ministro paceño realizara la suya. Sin embargo, en el encuentro se expresó que la Cancillería chilena no consideraba que hubiesen temas limítrofes pendientes, pues las fronteras de ambos países estaban fijadas por tratados en plena vigencia. Por otro lado, se dijo textualmente que Chile no aceptaba mezclar el tema del Lauca con el de la mentada "mediterraneidad de Bolivia". Martínez Sotomayor creyó que, con estas negociaciones, la claridad iba a entrar en la oscura maraña de intrigas y acusaciones que Bolivia había venido imputando a Chile por los asuntos del Lauca y de su mediterraneidad. Craso error: Inmediatamente después del encuentro, los agentes propagandísticos de Paz Estenssoro corrieron hasta los medios de prensa bolivianos, haciendo difundir una grotesca y fantástica versión de las conversaciones con la Cancillería chilena, en las que, según informaron, se habría establecido lo siguiente:
Alertado por los trascendidos que llegaron rápidamente a Santiago, Martínez Sotomayor llamó a reunión urgente a Monroy Block para el día 14 de marzo, pidiéndole explicaciones respecto de lo que estaba ocurriendo en La Paz. Astuto y cínico, el embajador negó conocer mayores detalles y fingió estar tan sorprendido y extrañado como el Canciller chileno por estas noticias. Sin embargo, al ser consultado Fellman Velarde, reconoció el tenor de las declaraciones, mostrando las cosas parecían bastante claras y decididas entre los políticos bolivianos, según veremos. No había duda: Bolivia iba derecho por la senda de la ruptura, valiéndose de la tendenciosa y grosera tergiversación de los hechos. No era casual esta línea de operaciones, pues se aproximaba una nueva ofensiva de Bolivia para llevar ante la OEA una de las más agresivas acusaciones que ha presentado contra Chile, y que venía estudiando desde hacía varios meses. Un cuarto de siglo más tarde, la buena voluntad chilena volvería a ser castigada con similar estrategia de intrigas y de tergiversaciones sobre conversaciones diplomáticas, de parte de Bolivia, a propósito de la Conferencia de Montevideo de 1987. Se estaba, entonces, frente a una campaña cuidadosamente cumplida. Con la idea de evitar más intentos de tergiversación o nuevas especulaciones sobre el alcance de estas conversaciones, toda la información del encuentro fue resumida y presentada en un informe que fue publicado el mismo día 15 de marzo en Chile y llevado de inmediato hasta la Embajada de Chile en Bolivia, que lo presentó al Encargado de Negocios de La Paz, el día 16, con el título de "Aide Memoire". Allí se reiteraba la decisión de no reabrir un tema fronterizo, de no mezclar el tema de la mediterraneidad con el del Lauca, que los trabajos de captación de aguas de Parinatoca eran absolutamente legítimos y el Estado de Chile no daría pie atrás al respecto. En el fondo, un resumen preciso y claro de la reunión del 27 de febrero. Pero la odiosidad de Fellman Velarde ya estaba en monta y el día 17, sin perder un segundo, la Cancillería de Bolivia publicó una inesperada nota, también titulada "Aide Memoire", en la que alega:
Siguiendo con sus cargas diplomáticas, Fellman Velarde volvió a dirigirse a la Cancillería de Chile el día 21 en nota Nº G.M. 16-237. Intentando abundar en el espíritu de su propio "Aide Memoire", recapitula toda la versión boliviana sobre la cuestión del Lauca desde fines de diciembre de 1962 hasta la fecha y agrega, hacia el final, que podría realizarse al respecto una reunión en Chile para tratar el tema, pero poniendo como condición, nuevamente, que los trabajos del Lauca fuesen suspendidos, o de lo contrario, la captación de aguas sería considerada como "un acto de agresión". Lamentablemente, el Presidente Alessandri Rodríguez y el Canciller Martínez Sotomayor estuvieron de acuerdo en realizar un acto de generosidad y aceptaron realizar conversaciones ulteriores con Bolivia hasta el 12 de abril, acatando la suspensión de los trabajos en el Lauca. Aquel día, las autoridades de ambos países acordaron que las respectivas Cancillerías presentarían simultáneamente un informe sobre estas reuniones, evitando discusiones como la recién pasada. La publicación de estos documentos debía tener lugar el mismo día. A continuación, se fijó la visita de Fellman Velarde a Santiago para el 16. Su partida desde La Paz, por ser vía Lima, debía tener lugar el día 14. Sin embargo, todo el plan sufrió una ridícula voltereta la mañana del 13 de abril, cuando Fellman Velarde llamó personalmente a Trucco para expresarle que sólo aceptaría las negociaciones (que él mismo había propuesto) a realizarse, si éstas consideraban poner fin a la intervención chilena sobre las aguas de Parinacota y si La Moneda aceptaba someter la cuestión del Lauca al trámite previsto en la Declaración de Montevideo para solucionar diferencias de interpretación. Y más insólito aún: No acababa la Cancillería boliviana de enviar su nota a Santiago, cuando ese mismo día dirigió inmediatamente una comunicación al Presidente del Consejo de la Organización de Estados Americanos (OEA), el colombiano Alberto Zuleta Angel, denunciando la supuesta inminencia de una agresión chilena a Bolivia... ¡Cuando ni siquiera era abierta aún por La Moneda la carta que envió durante la mañana!. Careciendo de los mínimos conceptos de honestidad y hasta de virilidad, el Palacio Quemado, a través de su representante en el organismo, Emilio Sarmiento, diría allí lo siguiente (los destacados son nuestros):
La artera y traicionera nota de Fellman Velarde buscaba simular, como se ve, que el rompimiento había sido provocado por Chile al "rechazar" la nota del mismo día, que sólo había sido entregada al representante chileno un cuarto de hora antes que la hecha llegar al Presidente de la OEA. Actualmente, no son pocos los autores bolivianos intentando defender la viciosa actuación del Canciller altiplánico. A falta de justificaciones, con frecuencia se busca presentar una analogía con el ultimátum que Chile planteó a Bolivia en 1879 para impedir el remate de la Compañía de Salitre y Ferrocarriles de Antofagasta, y en el que se proponía un arbitraje internacional exigiendo suspender, mientras tanto, las subastas de la empresa. Se pone énfasis especialmente en el hecho de que el representante chileno, Pedro Nolasco Videla, abandonara por entonces La Paz antes de recibir la respuesta del Palacio Quemado, el día 12 de febrero, y sólo dos días después se produjera la ocupación de Antofagasta, en circunstancias de que la correspondencia entre La Paz y Santiago demoraba entonces entre una y dos semanas, por lo que la llegada de las naves chilenas "Cochrane" y "O'Higgins" a Antofagasta se hizo antes de conocida la ruptura y la partida de Videla por La Moneda. Esta débil argumentación tropieza con el hecho de que la ocupación del 14 de febrero no fue realizada "adelantándose" a la respuesta boliviana a la propuesta de arbitraje (misma que La Paz ya había rechazado varias veces), sino porque ese era el día en que el Gobierno de Daza había fijado desde mucho antes el remate de los bienes de la Compañía, medida que era la que Chile quería impedir tras conocer de la definitiva decisión del mandatario boliviano, que llegó a oídos de La Moneda el 11 de febrero. Las comparaciones con el asunto de la nota de Fellman Velarde, ochenta años después, no es, por lo tanto, razonable ni lógica. La situación, por fin, abrió los ojos a La Moneda y se decidió dar curso al plan de inauguración definitiva de las obras del Lauca, que tuvieron lugar el 14 de abril de 1962. Fellman Velarde llevaba semanas esperando este acontecimiento, por lo que no perdió tiempo y, al día siguiente, presentó su nota Nº G. M. 32, donde dice al embajador Trucco:
Molesto, Manuel Trucco respondió el mismo día. En su nota, dice el representante:
Sin embargo, lo peor aún estaba por ocurrir.
Mientras tanto, en un comunicado de la Cámara de Diputados, los bolivianos declararon la obra del Lauca como una abierta "agresión" y, acto seguido, Bolivia partió a soltar el llanto ante la Organización de los Estados Americanos. La nota de La Paz a la OEA, que pasaremos a estudiar, es una vergonzante muestra de deshonestidad y audacia, dejando en evidencia que la intención del Palacio Quemado nunca fue establecer negociaciones directas, sino provocar la ruptura y trasladar el problema a instancias internacionales, para internacionalizar su demanda y engancharla del asunto de la "mediterraneidad" y sus aspiraciones portuarias. Una euforia desatada de odio antichileno corrió por todo el Altiplano. Turbas de energúmenos se reunieron frente a la Embajada de Chile, bloqueando los accesos e intentando apedrear los ventanales. Importantes autoridades municipales y gubernamentales aparecieron dirigiendo a las chusmas en escaladas de violencia y amenazas. Como era de esperar, Paz Estenssoro recibió apoyo de todos los sectores políticos "amenazados" por el enemigo común representado por Chile, incluso de quienes intentaban estimular escaladas golpistas contra el Gobierno, hasta hacía pocos meses. Calcada actitud de la clase política boliviana la hemos visto, cuarenta años después, en torno al Presidente Carlos Mesa y tras intentar llevar la demanda portuaria de su país hasta la Cumbre de Monterrey, a principios del año 2004. En medio del entusiasmo antichileno, la Cancillería de Bolivia presentó un nuevo y extenso documento ante la OEA, recapitulando hasta detalles irrelevantes todo el desarrollo de la cuestión del Lauca, de acuerdo a la versión paceña. El informe llegó a la Asamblea Internacional el 17 de abril siguiente, es decir, sólo dos días después del último cruce de notas con la Cancillería chilena. Intentando engañar al organismo internacional, Bolivia le comunicaba falseando la estricta realidad (los destacados son nuestros):
Retomando las afirmaciones de Arze Quiroga, esta vez Fellman Velarde intenta explicar al organismo que el coeficiente de evaporación de agua del Lauca era capaz de influir regulando el clima local de la zona altiplánica. Como esta peregrina convicción no permite mucho, pasa de inmediato a argumentar la supuesta importancia económica que el caudal del Lauca tendría dentro del territorio boliviano, y que hemos demostrado más arriba como absolutamente desajustadas a la realidad:
Luego, Bolivia pasa a invocar descaradamente al Órgano de Consulta para Emergencias y se concentra en el contenido medular de su llamado a la OEA (los destacados son nuestros): "El Gobierno de Bolivia considera que, con ello, se ha creado un hecho o situación que pone en peligro la Paz de América..."
Según el texto, se entiende que se estaba al borde de una guerra continental y que era urgente que los demás países americanos intervinieran militarmente para detener al agresor chileno (!). Sin embargo, abordando ahora la parte que inspiraba esencialmente esta escaramuza diplomática levantada por La Paz, agrega la nota:
El delegado boliviano, Emilio Sarmiento, tuvo el desparpajo de agregar a estas líneas que había sido Chile el país que rompió las relaciones diplomáticas. El embajador colombiano Zuleta Ángel, Presidente del Consejo, llamó a la órgano internacional para el día 20 de abril, en sesión extraordinaria que abordaría en horas de la mañana la solicitud boliviana. Durante la espera, sin embargo, el día 18 de abril, el Canciller chileno Martínez Sotomayor se dirigió públicamente al país para explicar lo que ocurría, declarando:
Por su parte, Fellman Velarde inició su propia cruzada en los medios de comunicación paceños, los que hacían trizas cualquier ilusión de paz y amistad acusando literalmente a Chile de "robarle las aguas" a Bolivia y tildando al pueblo chileno con epítetos increíbles. En una honorable muestra de cultura, el periódico "La Presencia" hizo referencias a los chilenos como "rotos sinvergüenzas" e insistió en la idea que estaban usurpando aguas a Bolivia. El Canciller Fellman Velarde, por su parte, emitió más de una declaración pública, en donde recurría a expresiones tanto o más ofensivas. El día 19 agregó que "Bolivia no está sola" en este asunto, aludiendo, según se ha especulado, a una posible simpatía aliancista de parte de Perú y Argentina, además de intentar un frustrado acercamiento con el Brasil. La reunión del Consejo, el día 20, fue tensa y agotadora. El representante chileno leyó un extenso documento refutando todos y cada uno de los puntos expresados en la nota de Bolivia que invocaba la aplicación del TIAR. El representante boliviano, en cambio, se extendió tediosamente en recapitular nuevamente todos los antecedentes de la cuestión del Lauca y las razones por las que consideraba que el TIAR correspondía ser aplicado en este caso. Como se vio desde el principio que un asunto de 22 años no podría ser resumido aquella mañana, los representantes de Brasil y Ecuador solicitaron postergar una decisión hasta el día 26 de abril, para poder estudiar convenientemente los antecedentes expuestos. Todos los demás delegados estuvieron de acuerdo. Esto sólo demuestra la inoperancia e ineficacia que ya entonces tenía el organismo internacional, al postergar una situación que acababa de ser presentada como grave y urgente. En la reunión del día 26, Chile estuvo representado por los embajadores Enrique Gajardo Villarroel y Enrique Berstein Carabantes. Gajardo cuestionó las bases mismas de la acusación boliviana y, mostrando cantidades de documentos que acreditaban el conocimiento que Bolivia tenía de los trabajos, declaró:
Después, tras profundizar en el desajuste de la demanda boliviana con respecto a la Declaración de Montevideo, resume la posición chilena en los siguientes siete puntos:
La exposición chilena bastó para echar por tierra la posición de Bolivia. Posteriores evidencias han dejando un registro de la impresión casi generalizada en la OEA, de que la invocación boliviana al TIAR era descabellada y exagerada, a la par de ofender los más esenciales sentimientos americanistas que animaban entonces al organismo. Por tal motivo, países como Estados Unidos, México, Honduras, Brasil y Venezuela, comenzaron a desarrollar su propia línea de trabajo en el seno del Consejo, para pronunciarse de alguna manera que no resultara humillante o lesiva al Palacio Quemado, pues se temía que el rechazo a su invocación al TIAR culminase en una protesta o hasta un retiro de su representación en el organismo. Las reuniones continuaron los días 3, 8 y 11 de mayo. Este insólito alargue para dar solución a un asunto de urgencia, tan propio de organismos con serios problemas estructurales o de eficiencia, comenzó a molestar a la opinión pública de Chile y Bolivia. La cuestión del Lauca se había convertido en un verdadero juicio internacional a la controversia. Al advertir la gravedad de la situación, la OEA, finalmente, se limitó a llamar a la cordura de las partes y al reestablecimiento de las relaciones fracturadas. El 24 de mayo de 1962, el Consejo finalmente se pronunció. Tras exponer los antecedentes generales de la cuestión, resuelve (los destacados son nuestros):
En otras palabras, la totalidad de los 18 países representados en la OEA, a parte de Chile y Bolivia, habían rechazado la reclamación boliviana. El intento de La Paz había fracasado.
Aunque el delegado chileno dejó constancia ante el Consejo sobre lo poco explícito que había sido éste para negar y rechazar con menos timidez la invocación al TIAR, la Resolución fue de profunda satisfacción para La Moneda y todo el resto de los chilenos. Durante la noche del mismo día 24, el Canciller emitió una declaración pública en la que dice, celebrando:
Sin embargo, intentando esconder la derrota y tratando de maquillar con una interpretación favorable la Resolución, Fellman Velarde también entregó en La Paz una declaración pública el mismo día, en la que expresó ladinamente: "...el Gobierno de Bolivia juzga que esa Resolución de la Organización de los Estados Americanos abre un camino para solucionar la cuestión del río Lauca".
Nadie puede negar la increíble capacidad y creatividad del Canciller boliviano para arrancarle tantas frases y conclusiones imaginarias a los escuetos cuatro puntos de la Resolución. Sin embargo, la actitud del Palacio Quemado que siguió a estas declaraciones, evidenció la gravedad que revestía la Resolución para la política altiplánica, al ofrecerse abierta a un arbitraje, el 3 de julio, pero sólo si Chile devolvía a la cuestión del Lauca el carácter de controversia jurídica que tenía hasta el 14 de abril, cuando se inauguraron las obras. Esta ridícula condición habría significado un retroceso de más de una veintena de años para la posición chilena. La negativa de la OEA a acoger la demanda y la decisión chilena de cerrar el tema, causaron escozor en La Paz. Desesperados por resucitar los reclamos, el 9 de agosto el Palacio Quemado acusó infundadamente a Chile, en nota oficial, de estar dificultando la exportación de minerales de Antofagasta. Pero estas piruetas tampoco impresionaron demasiado a la organización internacional. Como estas intrigas no daban resultados, Bolivia intentó jugarse su última carta el 3 de septiembre de 1962, cuando envió al Consejo una protesta en la que amenazaba con suspender su asistencia al organismo. Como no obtuvo respuestas, el mismo día el delegado boliviano presentó su nota de "despedida", en la que declara de manera siútica:
Sin embargo, poco les duró este aire desafiante a los representantes de La Paz. La grave crisis económica que venía arrastrando desde hacía varios años, obligó al Palacio Quemado a mejorar su relación con el Banco Interamericano, por lo debió regresa a la OEA poco tiempo después. En tanto, a fines de septiembre de 1962 se había publicado en La Paz una obra titulada "Los Derechos de Bolivia al Mar. Antología de Juicios Eminentes (Biblioteca de Clásicos Bolivianos)". El libro nació destinado a convertirse en la columna vertebral de la reclamación marítima sostenida hasta entonces por el país altiplánico, ordenándola, estructurándola y reproduciendo en ella varias opiniones de intelectuales y autores, incluidos algunos chilenos proclives a las políticas entreguistas, especialmente el académico Carlos Vicuña Fuentes, cuyo interés en atacar y perseguir al movimiento nacionalista chileno y frenar la participación militar en política nacional, le llevó a hacer audaces declaraciones y campañas que han sido utilizadas por peruanos y bolivianos para exponer supuestas defensas a sus afanes "revindicacionistas", con enormes tergiversaciones y hasta la utilización de recursos truculentos. Para entonces, el asunto del Lauca había quedado momentáneamente subordinado al asunto de la "mediterraneidad" de Bolivia. Con tal intención, Fellman Velarde partió a presentar su demanda directamente a la Organización de las Naciones Unidas y, poco después, Paz Estenssoro aprovechó un encuentro presidencial en Caracas para arrancarle al Presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, la firma de la Declaración de Maracay, que recomendaba a los cinco países de "emancipación bolivariana" (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) la realización de un congreso en La Paz para definir posturas sobre el asunto de la mediterraneidad boliviana. Chile, haciendo gala de su pacifismo a veces enfermante, sin embargo, volvió a ceder y llamó por su propia iniciativa a Bolivia para calmar los ánimos. Se llegó a ofrecer otro arbitraje, rechazado rotundamente por Bolivia, conciente de la falta de derechos de su reclamo. Esta flexibilidad sólo alimentó más la hoguera y, el 6 de diciembre de 1962, La Paz envió una nota al Secretario General de la OEA en la que pedía que la XI Conferencia Internacional que venía en camino, incluyera el tema de la aspiración boliviana a la salida al mar. Toda una jugada en la que, acercándose a la organización por los supuestos derechos pisoteados en un río, se culmina resucitando la pretensión en el litoral atacameño, violando lo pactado en 1904.
En tanto, en noviembre de 1962, el presidente de la OEA y también mandatario de Costa Rica, Gonzalo Facio, había advertido al Consejo del camino beligerante que estaba tomando el conflicto de la mediterraneidad de Bolivia, a causa de la persistente prepotencia altiplánica. Preocupado, inició por su propia voluntad y extraoficialmente, gestiones destinadas a acercar diplomáticamente a Chile y Bolivia. La antipatía paceña y la terca decisión del Palacio Quemado de seguir con sus reclamos sobre el Lauca no fueron suficientes para frustrarlo, por lo que continuó con sus planes. Fellman Velarde, rudo y férreo en sus decisiones, cayó en la franca imprudencia y reconoció a la prensa, el 30 de dieciembre: "La cuestión del río Lauca ha sido el vehículo que ha permitido a Bolivia atraer ante la conciencia de su pueblo el problema de la mediterraneidad". Como se sabe, el sentido de esta afirmación ha sido tercamente negado por los autores altiplánicos posteriores, que han intentado presentar el asunto del Lauca y el de la mediterraneidad como asuntos inconexos e independientes entre sí, unidos sólo por ser consecuencias del "expansionismo" y la "agresión" chilena. Esta necesidad de mezclar ambos temas persistía el 4 de marzo de 1963, cuando La Moneda comunicó su decisión de no seguir abriendo espacio al tema de la mediterraneidad. En declaración de Martínez Sotomayor a Facio, el Canciller dijo: "Por este motivo, mi gobierno declara en forma precisa y terminante que, una vez reanudadas las relaciones diplomáticas con Bolivia, no está dispuesto a entrar en conversaciones que puedan afectar la soberanía nacional o significar cesión territorial de ninguna especie. Para mi país, los límites con Bolivia fueron fijados por tratados internacionales libremente consentidos, que están en plena vigencia y que son definitivos". Esta declaración devolvía a Chile por la senda correcta de sus relaciones con Bolivia, después de tantas e infortunadas gestiones y la presencia de entreguistas siempre al acecho. El 23 de marzo de 1963, con motivo de un nuevo aniversario de la muerte del héroe boliviano Eduardo Abaroa, el Palacio Quemado instituyó la celebración antichilena conocida como la Semana del Mar, instalando como nunca antes el mito de la "defensa del litoral" durante la Guerra del Pacífico. Paralelamente, se inició una nueva campaña diplomática que repartió delegaciones por todo el continente, difundiendo la versión altiplánica de la Guerra del Pacífico y de sus consecuencias, las que lamentablemente no fueron respondidas al mismo nivel por la contraparte chilena. Esto, sumado a la proliferación de gobierno de corte marxista por el continente que aprovecharon la situación del reclamo boliviano para vincularlo a interpretaciones anticapitalistas y de proclives al materialismo histórico, despertó muchas simpatías por el asunto de la aspiración portuaria del Altiplano. Las declaraciones contra Chile, los actos de odio antichileno y varias infamantes arengas escuchadas durante esa "Semana del Mar", se repitieron durante el carrusel boliviano de todo el resto de ese verano. Molesto por la nueva ofensiva que se intentaba desde La Paz, el Canciller Martínez Sotomayor, en cadena radial del 28 de marzo de 1963, declaró:
Iracundo, Fellman Velarde respondió a estas palabras el día 3 de abril siguiente. Sus frases evidencian claramente que el asunto del Lauca había quedado en un muy segundo o tercer plano, desplazado directamente por el reclamo marítimo y haciendo recortes casi textuales de la antes citada obra "Los Derechos de Bolivia al Mar":
En tanto, la campaña boliviana por reclutar simpatías por el Continente no rendía los frutos más optimistamente esperados en la inmediatez. Por este motivo, intentaron incluso métodos deshonestos y reprochables, para tratar de simular una adhesión brasileña a su causa, en mayo de 1963. Tampoco les fue bien en la OEA, nuevamente, pues Gonzalo Facio se molestó por la forma abiertamente favorable a Bolivia con que el delegado argentino, Rodolfo Wiedmann, había conducido las gestiones durante su reemplazo. Ya hemos visto que el fantasma del posible apoyo argentino a las pretensiones bolivianas llevaba tiempo rondando la diplomacia chilena, pero había sido con Wiedmann que alcanzaría, quizás, su punto más álgido durante este período, interpretando el sentir de buena parte de la clase política argentina con respecto a la cuestión del Lauca. Toda una ironía de parte del Plata, sin embargo, pues a causa de los once ríos de cuenca pacífica que el Laudo de 1902 repartió entre Chile y Argentina, estas aguas compartidas constituyeron un permanente perjuicio para la agricultura y el poblamiento interior chileno a causa de las múltiples presas (y luego centrales hidroeléctricas) que los argentinos construyeron y que provocaban grandes anegamientos cuando se soltaban sus compuertas o bien reducían el caudal por períodos sin previo aviso y sin que jamás Chile haya presentado un reclamo formal al respecto. De este modo, la ocasión ofrecida por el representante argentino en la OEA había sido aprovechada hasta la euforia por Fellman Velarde, presentado una nota al Consejo en la que suplicaba a los miembros derivar las gestiones llevadas hasta ese momento por Facio y la Resolución del año anterior para iniciar una nueva intervención del Consejo sobre el asunto del Lauca, medida artera y diplomáticamente inaceptable a la que, sin embargo, Wiedmann se mostró complaciente, tal vez como reflejo del pésimo estado de las relaciones que sostenían entonces Chile y Argentina por las controversias de Palena y el Beagle. Pero, al regresar Facio el 9 de junio y descubrir la bolsa de gatos que Bolivia y su reemplazo habían armado durante su ausencia, el Presidente de la OEA se sintió burlado y ofendido, poniendo término a sus gestiones y declarando que la Resolución del 24 de mayo de 1962 había cerrado definitivamente la competencia de la OEA sobre el asunto del Lauca. En contraste con los reproches para Bolivia, Facio agradeció a Chile su deferencia y responsabilidad ante el Consejo. Rojo de ira, Fellman Velarde no soportó la decisión de Facio y, el día 12, notificó su segunda renuncia al organismo. En declaraciones de prensa, explicó tal actitud alegando que la OEA carecía de competencia para zanjar la cuestión del Lauca y, acto seguido, comunicó de tal decisión al Brasil, nación que había quedado con la responsabilidad de servir de salvoconducto para el Altiplano en Santiago de Chile, durante el tiempo que duraran estas conversaciones. Irónicamente, el cinismo y la hipocresía crónica de esas autoridades argentinas que con tanto fervor quisieron apoyar a Bolivia en contra de Chile por la cuestión del Lauca, quedaron al descubierto poco tiempo después, cuando en noviembre de 1964 el Presidente Illía decretó una reglamentación oficial de prácticos que bloqueaba la libre navegación a la marina mercante del Paraguay por el río Paraná que representa su única salida al mar Atlántico, en uno de los actos de más descarada prepotencia que se hayan visto en la historia del continente, pues desconocía la calidad de río internacional navegable del Paraná, misma que, por otro lado, había pretendido defenderse en el caso del Lauca, infinitamente menos caudaloso e imposible de navegar. Esta restricción sólo era para los navíos de bandera paraguaya, pues la Casa Rosada no se atrevió a extenderla también para los brasileños. Fiel a la política de sumisión a los intereses argentinos en materias internacionales, Bolivia mantuvo un silencio sepulcral. Las más fuertes protestas contra estas medidas y en favor del pueblo paraguayo, en cambio, se escucharon desde Chile.
Sin embargo, estos eran los últimos coletazos del asunto. Al fracaso la intentona boliviana en la OEA debieron irse sumando los graves problemas internos que fueron desplazado la cuestión del Lauca en el Palacio Quemado. Los reiterados errores de Paz Estenssoro en el Gobierno y la ineficiencia que acumulaba su mandato habían ido acumulando el peligroso descontento de las masas y las ambiciones de otros caudillos. Intentando reactivar la minería, en estado de miseria, el Palacio Quemado se había valido de la cooperación y los préstamos desde países como Estados Unidos, Alemania y del mismo Banco Interamericano. Las medidas tendientes a esta recuperación involucraron una intervención directa sobre las mismas mineras a las que, en tono progresista y revolucionario, llevaban años diciéndoles a sus obreros sobre la importancia y la justicia de que fuesen ellos los que trabajaran administrando las propias riquezas de la producción. La obvia conclusión de este giro radical de políticas estatales fue el alzamiento las clases trabajadoras, alentadas por dirigentes comunistas como Pimentel y Escobar. Un gran problema era que la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, estaba liderada por funcionarios del propio Gobierno de Paz Estenssoro. A pesar de la crisis, en octubre de 1963, Paz Estenssoro se dio tiempo de viajar a Washington para acaparar la atención del intervencionismo de John F. Kennedy, quien seguía entusiasmado con el inútil experimento de la Alianza para el Progreso. El controvertido mandatario le prometió ayuda a Paz Estenssoro, manifestando que aquello que él hacía por su país, era lo que Estados Unidos deseaba para toda América Latina, deshaciéndose el halagos a la presidencia de La Paz, a pesar de su sangriento currículum de represión, tortura y asesinatos políticos, lo que encendió las protestas del Senador Barry Goldwater, pocas horas después. A continuación, el delegado boliviano ante la ONU, Luis Iturralde Chinel, volvió a presentar ante la Asamblea internacional su reclamo marítimo, siendo refutado por el delegado chileno, Enrique Berstein. Lamentablemente, Berstein no reconoció la existencia de un problema limítrofe en torno a la cuestión de la mediterraneidad, pero sí en relación al Lauca, recordando que se había ofrecido un arbitraje de La Haya. Teniendo nuevamente todo en sus manos para cerrar de un golpe la cuestión de Parinacota, el delegado chileno había preferido mostrarse tolerante y abierto. Como se ve, parecía ser que Paz Estenssoro haya salido de la Casa Blanca muy complacido con las promesas intervencionistas de Kennedy. Pero todas sus alegrías culminaron con el trágico asesinato del mandatario norteamericano durante su gira por Dallas, el 22 del mes siguiente. Como el apoyo de Argentina y Perú no tenía el peso que hubiese significado uno de los Estados Unidos, el Palacio Quemado recurrió nuevamente a la política de intrigas y falsedades. Entre otras jugadas, en febrero de 1964, presentó ante La Moneda una acusación de supuestas agresiones y maltratos contra chilenos que apoyaban la cuestión boliviana de la reclamación portuaria. Aunque se ha demostrado que estas acusaciones eran absolutamente falsas e infundadas, han pasado a formar parte del folclore de bolivianos y entreguistas chilenos. Pero la distracción hacia problemas internos de Bolivia se hizo más necesaria ante la negra sombra que amenazaba la continuidad del segundo período de Paz Estenssoro, quien llegó a expulsar del país a uno de sus hombres más cercanos, además de anterior presidente, Siles Zuazo, el 24 de septiembre, cuatro días antes de la visita de Charles de Goulle al Altiplano, ocasión en la que se intentó presentar al general francés un panorama de orden y tranquilidad que eran inexistentes Bolivia a esas alturas. Sin embargo, el Palacio Quemado mantenía bajo censura a la prensa, la que no fue levantada hasta cerca de un mes después. Finalmente, la caldera estalló el día 4 de noviembre: Paz Estenssoro era derrocado y escapaba despavorido en avión rumbo a Lima. La junta militar que lo reemplazó, al mando de René Barrientos Ortuño, quien llamó a elecciones comenzando de inmediato la difícil tarea de reconstruir un país en ruinas. Y una de las primeras acciones en pro de esta causa de parte del otrota declarado antichileno General Barrientos, fue buscar un acercamiento con Chile para evitar distracciones externas. En entrevista al corresponsal de la revista "Ercilla" del 18 de noviembre de 1964, llegó a declarar:
El asunto del Lauca (que se había identificado especialmente con la política del depuesto presidente del MNR), de este modo, quedaba abandonado en el campo de batalla diplomático, después de 25 años de discusiones, culminando cristalizado en la memoria de las "pérdidas de soberanía" que Bolivia le reclama a Chile, aunque muy por debajo de las que también se señalan como resultado de la Guerra del Pacífico. Azapa hoy está convertida en un verdadero vergel de agricultura gracias a los trabajos de la Ciénaga de Parinacota. La zona donde corre la cuenca del Lauca por el lado boliviano, en cambio, sigue siendo una de las más despobladas e irrelevantes en la economía del país. La miseria, el centralismo paceño y la hostilidad del clima obligaron incluso a desaparición de poblaciones completas y la destrucción de la mayoría de los poquísimos campos agrícolas de quinoa y papas que existían allí. Irónicamente, gran parte de los productos agrícolas de los que se provee Bolivia para suplir sus propias deficiencias e incapacidades productivas, proviene precisamente del Valle de Azapa, regado con las aguas que tanta polémica significaron ayer. Es curioso que, desde el asunto del río Mauri, en 1922, hayan pasado 40 años justos para el papelón boliviano en el escándalo del río Lauca, en 1962. Y más sorprende aún que la cuestión del río Silala haya venido a tener lugar otros cuarenta años después, en el 2002, cuando Bolivia desconoce prepotentemente los derechos chilenos en ese cause internacional, repitiendo la estrategia del Lauca para arrastrar el tema de los ríos al problema de fondo: la salida al océano. Puede verse, entonces, que la cuestión del río Lauca, como lo será después el Silala, ha estado en medio de una histórica estrategia de parte de Bolivia, para buscar una solución al asunto de su mediterraneidad presionando a Chile sobre el uso de recursos hídricos compartidos, ante la evidencia de que las aguas dulces son escasas en esos territorios. La misma clase de presiones pueden verse en asuntos relacionados con energía -también escasa al norte del país- particularmente en el asunto del aprovisionamiento de gas en Atacama, como sucedió con el asunto del gasoducto. El expansionismo "reivindicacionista" y revanchista ofrece, a veces, estas curiosas recurrencias cronológicas. | |||