| -Ampliado y actualizado el 03 octubre de 2008- LA SAÑA DESTRUCTIVA DE ALGUNOS PERSONAJES DEL MUNDO POLÍTICO, PERIODÍSTICO Y ACADÉMICO CHILENO CONTRA LOS GRANDES PERSONAJES DE LA HISTORIA, SUELE ESTAR LIGADA NATURALMENTE A LA IZQUIERDA CHILENA Y A SUS CÓMPLICES DOMINADOS POR UNA VERDADERA "ALERGIA" A LOS UNIFORMES MILITARES QUE, REVIVIENDO VIEJAS ECUACIONES DOCTRINARIAS BASADAS EN EL PENSAMIENTO DE ANTONIO GRAMSCI SOBRE LA DESTRUCCIÓN DE LAS BASES DE IDENTIDAD DE LA CULTURA NACIONAL Y DE LOS SÍMBOLOS PATRIÓTICOS COMO MECANISMO APERTURA A LA UNIFICACIÓN SOCIALISTA INTERNACIONAL
"Las revoluciones y los pronunciamientos no son las escuelas en las que se ha de aprender el patriotismo".(Juan Bautista Morales) No pocos han advertido la extraña tendencia ofrecida frecuentemente por intelectuales, historiadores y políticos de corte marxista tradicional, al describir con un extraño ensañamiento a los héroes máximos de una nación, especialmente cuando provienen del mundo militar, cosa que es particularmente evidente en Chile. Y, en contraste, los héroes del "proletariado", los "héroes internacionales", cobran la altitud y las características de verdadera figura de arte pop: Ernesto "Che" Guevara, Víctor Jara o el propio Salvador Allende se convierten en verdaderos fetiches de veneración, con toda una iconografía propia (poleras, tarjetas, chapitas, etc.). La votación popular por el Personaje más grande de la historia de Chile dio, precisamente, en septiembre de 2008, a Salvador Allende. Para comprender el tenor general de estos sucesos, citamos a los intelectuales marxistas rusos L. Leontiev y Ovshi Yajot, en su obra "El Nuevo Mundo y su Filosofía, Fundamentos y Principios de la Economía Política y la Filosofía Marxistas", de 1971, escriben (los destacados son nuestros):
Nada de esto es producto de la casualidad. Existe una retórica definida y muy clara sobre los laureles que el relato histórico reserva, en el mundo de la izquierda, a sus propios iconos, lo que no sería gran problema sino fuese porque esta postura también busca el emporcar y hasta ridiculizar a los héroes y hombres ilustres de la "sociedad burguesa", persiguiendo permanente y morbosamente la escandalización de los sectores sociales conservadores y tradicionalistas. Los polémicos resultados de las pruebas SIMCE formuladas por el Ministerio de Educación en escuelas y liceos de Chile, durante los años 2002 a 2004, dejaron en evidencia que la Historia era, junto a las Matemáticas, uno de los ramos de educación donde peores resultados se obtenían, llegándose a afirmaciones bizarras en las respuestas, como que la Guerra del Pacífico fue con Argentina o la provocó "el cobre". Las dañinas reformas a la educación implementadas durante el Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y copiadas de un sistema español altamente cuestionado, no bastan para explicar por sí mismas este desastre. Algo más debe haber. Hacia 1920, comenzaría a laborar con energía en Europa un joven filósofo comunista italiano llamado Antonio Gramsci, fundador del movimiento que lleva su apellido. Sus ideas, a ratos muy sencillas y en otros casos complejas o confusas, solían resultar demasiado innovadoras para los comunistas más dogmáticos de la época, fanatizados con los métodos violentos de instauración de la "dictadura del proletariado" propuestos por Lenin sobre el marxismo original y que habían resultado eficaces en Rusia. Gramsci era más bien de la idea de la conquista de poderes políticos y de transformación de la sociedad desde antes de la revolución misma, preparando algo así como un escenario social propicio para un proceso reformista de proporciones. La transformación debía comenzar en los valores, la educación y la mentalidad del pueblo. Sus postulados sobre la penetración paulatina en las dirigencias civiles, en los sindicatos, en cargos populares y otras instancias, forman parte de la agenda de todo socialista clásico y comunista, en nuestros días. Gramsci consideraba que la "sociedad burguesa" sustenta su condición dominante en la conciencia colectiva, a través de la imposición de sus propios valores y emblemas, haciéndolos artificialmente "generales" a una nación e imponiéndolos al proletariado. Ejemplifica señalando que los máximos héroes y personajes históricos de esta "sociedad burguesa", corresponden a lo que podríamos llamar eje burgués-militar-fascista. Esta sería la "hegemonía burguesa", y la forma apropiada de combatirla es cambiando la conciencia del proletariado y rompiendo su relación o filiación ideológica con este esquema, para lo cual es necesario bajar de su pedestal a estos héroes y personajes, para que sus altares sean ocupados, cuando la ocasión se presente, por los héroes del proletariado, los "verdaderos héroes". Una vez conseguido este paso, viene el objetivo siguiente de iniciar la conquista de la intelectualidad y las dirigencias, llenando de paso con nuevas figuras las vacantes dejadas por los héroes derrocados de la historiografía oficial. Prácticamente no hubo revolución marxista en alguna parte del mundo, después de Gramsci, que no comenzara su "transformación" social botando todas las estatuas de personajes ilustres de sus ciudades.
El ideólogo del comunismo internacional soviético, Vladimir I. Lenin, escribe en su "Breve Esbozo Biográfico con una Exposición Sobre el Marxismo", de 1915 (los destacados son nuestros):
La influencias de Gramsci en la mentalidad de intelectuales e historiadores marxistas es evidente, pues su doctrina de transformación de valores y sentimientos históricos se incorporó rápidamente a la conciencia general del izquierdismo, especialmente después de la Segunda Guerra, cuando los procesos revolucionarios se vieron en la necesidad de ajustarse a los patrones "democraticistas" y al campo de acción constitucional. Veamos algunos casos en que esta mentalidad se manifiesta:
Intentos por convertir el FONDART en una herramienta difamatoria entreguista Que el FONDART estuvo largo tiempo controlado por políticos e intelectuales de la izquierda clásica chilena, es algo sabido por todos e innegable. Y también ya son famosos sus escándalos: la "performance" con acto sexual y todo en un Festival de Teatro, un pene gigante esculpido como hito de bienvenida en Machalí, millonarias entregas de dinero a los ex-publicistas de las campañas políticas de la Concertación (para películas con actores extranjeros y que pasaron sin pena ni gloria), etc. En 1994 el FONDART había hecho ya su debut como herramienta directa y evidentemente entreguista, cuando se financió una exposición de pintura donde se mostraba al Libertador Simón Bolívar ("El Caudillo", de Juan Dávila) haciendo un gesto grosero y luciendo senos en su pecho, en un sospechoso intento por influir negativamente en los miembros de Colombia y Venezuela que formaban parte de la Comisión Arbitral para Laguna del Desierto, que estaba próxima a emitir su voto. El año 2001 FONDART entregó una parte de sus fondos a la publicación de una historieta chilena donde un debutante presenta otra aberrante versión de lo ocurrido en la Rada de Iquique, con un Arturo Prat que cae accidentalmente de la "Esmeralda" y que incluso queda vivo, asistiendo a su falso funeral y observando su sacralización histórica. Se cumplía así con un paso en la "revisión" de los hechos históricos del Combate Naval de Iquique, incentivada por algunos grupos patrioteros peruanos (ver más abajo). La obra fue presentada pomposamente en la Feria Internacional de Libro, en Estación Mapocho, en noviembre, sitio que ha sido escenario de varias otras gaitas entreguistas. Las protestas de la Armada no se hicieron esperar. La historieta, titulada "Los Viajes de Massachusets", expone un chabacano vejamen a la figura del héroe de Iquique. Obviamente hubo gente de detrás de esto. La Ministra de Educación Mariana Aylwin defendió airadamente el "arte" financiado por el FONDART, en noviembre. No podemos negarnos al hecho de que el "arte" dejó de ser libre en Chile hace mucho tiempo, y que muchos artistas no han demostrado escrúpulos a la hora de vender su obra a determinadas corrientes de pensamiento o política. Se recordará cuando una actriz en retirada se envolvía el cuerpo desnudo con la bandera chilena y simulaba una crucifixión, en otra obra preparada por entreguistas también ligados al Ministerio de Educación, hace unos años. Posteriormente, esa actriz fue enviada como agregada cultural del Gobierno en el extranjero. Como se ve, aquí no se da "puntada sin hilo". De hecho, es secreto a voces en el mundo del arte la marcada inclinación de su jurado (varias veces criticado por su falta de relación con el tema que financia) por ciertas vacas sagradas del oficialismo concertacionista. El cineasta Juan Harting, en entrevista con "La Tercera" del 8 de agosto de 1998, declaró molesto:
El Director del Instituto Histórico Lircay, don Jacinto Pavez, denunció en varias ocasiones -como en el caso de la reunión anual del 21 de mayo del 2000 de la Hermandad de la Costa- algunos de los proyectos que ese año FONDART estaba preparando con este mismo estilo desafiante y entreguista, pero que afortunadamente debieron bajarles el perfil ante el revuelo causado aquel mismo año por otro de sus más recordados tropiezos: la famosa "Casa de Vidrio", con una nerviosa muchacha intertanto parecer indiferente mientras se baña y defeca a la vista de una turba morbosa, apilada en pleno centro de Santiago. Uno de estos proyectos "artísticos" consistía en hacer desfilar por la calle a personajes disfrazados de próceres y héroes chilenos, como O'Higgins, Carrera y Prat, pero adicionando a su vestimenta elementos propios de personajes publicitarios famosos, como Micky Mouse, Pedro Picapiedra o el payaso hamburguesero Ronald McDonnal. Se suponía que los actores iban a repartir libros de historia de Francisco A. Encina a los niños vistiendo con esta indumentaria, como crítica burda y bastante evidente a la veneración de personajes históricos, comparándola con publicidad de ciertos productos o personajes populares. Encina es, junto a Eyzaguirre y Espinosa Moraga, uno de los historiadores más odiados por los resentidos académicos americanistas que vieron en sus trabajos objetivos y fieles a los hechos de la realidad, una amenaza a sus delirios bolivarianos. Un segundo proyecto fue el de la llamada "Fonda Gay", proyectada originalmente para las fiestas patrias de aquel año. Una enorme ramada con aspecto de discoteca -y financiada con dineros de todos nosotros- iba a ser instalada en alguna parte de Santiago, con huasos gay, representaciones teatrales gay (con actores gay, se entiende), y hasta una orquesta de músicos gay, llamados los "D-Gays", estos últimos disfrazados de los integrantes de los grupos "Village People" y "Pet Shop Boys" (como se observan en el videoclip "Very"), ambas agrupaciones internacionalmente identificadas con grupos homosexuales. Durante el período 1994 a 2003, se financiaron 4.630 proyectos y se desembolsaron $17.575 millones de pesos. El 2003, año siguiente del segundo escándalo de "Prat" -que veremos más abajo-, se presentaron 2.483 proyectos. Sólo 334 quedaron fuera de bases, aceptándose 2.149 propuestas. La enorme mayoría de los proyectos de origen universitario suelen estar ligados a la Universidad de Chile, que tiene, a su vez, gran presencia en el jurado. Aún así, solamente el 35.6% de las iniciativas seleccionadas pertenecían a creadores jóvenes.
Vale advertir que una gran cantidad de personajes ligados al izquierdismo chileno que participan respetuosamente de la dignificación de personajes históricos como O'Higgins, Carrera, Bulnes o Prat y, de hecho, Manuel Rodríguez debe ser uno de los que más simpatías despierta en esas filas, por la conciencia social y el espíritu guerrillero que manifestara en vida el prócer. Sin embargo, actualmente existe también una buena cantidad de izquierdistas internacionalistas parecen más convencidos de la idea de participar de los esquemas de especulación gramscianos que hemos descrito. De este modo se explica la filosofía con que, durante el primer semestre del año 2002, un novato columnista del "El Periodista" publicara un extraño y confuso artículo que buscaba poner en duda la virilidad del prócer Manuel Rodríguez Erdoiza, líder de los "Húsares de la Muerte" y uno de los pilares fundamentales de la emancipación chilena. Hasta aquel momento, no existían precedentes de un intento formal con tales características. Para poder comprender el origen de estas calumnias, es necesario advertir algunas cosas. Manuel Rodríguez representa un icono masculino particularmente interesante en la historia de Chile. Enamoradizo y aventurero, una suerte de "Casanova" en la historia nacional, destacó por una notable inteligencia, astucia y valor, además de un talento insólito por los disfraces y los trucos contra el enemigo. Sin embargo, por timidez se ha dejado de lado otro aspecto que distinguió la vida del guerrillero de las calaveras al cuello: su notable masculinidad, que lo convirtieron en una especie de ídolo entre las jovencitas de la época, y un modelo casi antológico de imitación entre los muchachos de entonces. Sus escándalos de faldas fueron casi tan famosos como sus victorias. Los retratos que existen de Manuel Rodríguez suelen plasmar muy fielmente esta virilidad, acompañada por la fama histórica de sus proezas y aventuras en la guerra contra los realistas, que pusieron un precio de mil pesos en oro por su cabeza, en 1816, después de sus correrías en Colchagua, acrecentando su imagen de romántico proscrito. En cierta forma, Rodríguez representaba el ideal masculino que aún persiste en nuestra cultura occidental: bello, bravo, valiente, culto, guerrero, galante, de contextura atlética y exitoso con el sexo opuesto. Fue respetado y seguido por todos quienes le conocieron: patrones y peones; aristócratas y pobres; citadinos y huasos. Los realistas quemaron casas y siembras buscándolo desesperadamente en los campos y, a pesar de eso, jamás fue delatado. Esta idealización ha traído como consecuencia no sólo que grupos de izquierda subversiva hayan intentado apropiarse de su nombre para bautizar sus brazos armados, sino que, cada cierto tiempo, se observa un extraño interés de parte de algunos representantes de la comunidad homosexual chilena -tanto la "salida del closet" como aquellos que no han reconocido públicamente su condición e incluso se esconden en actitudes antihomosexuales- por la figura de Manuel Rodríguez, insinuando que el prócer también habría tenido esta condición sexual a pesar de no existir ninguna prueba de ello, sino más bien de lo contrario. Estos sujetos pululan dispersos por el mundo académico e intelectual, levantando similares cultos sobre la vida de personajes históricos universales como Aristóteles, Julio César, Leonardo Da Vinci o W. A. Mozart sin que jamás se haya comprobado tal imputación a pesar de ser muy creídas, cuyo origen parece más bien producto de especulaciones que intentan "reclutar" a grandes personajes históricos en las filas de las "minorías sexuales", con intenciones políticas, propagandísticas o simplemente por la perversión del escándalo. En este contexto no es extraño que, ese mes de agosto del año 2002, haya hecho debut el nuevo mito de Manuel Rodríguez homosexual en medio de otro escándalo mediático. Los supuestos argumentos de esta tesis "histórica" son un verdadero insulto a la inteligencia para todo aquel que conozca medianamente la vida del prócer:
Este intento no es casual o aislado. Varios otros "periodistas" y escritores (extrañamente, casi siempre de militancia izquierdista) habían intentado imputar similares cargos sexuales a las figuras de José Miguel Carrera, Arturo Prat, Gabriela Mistral y Matilde Urrutia, aunque sin mucho éxito. El profesor Sergio Villalobos, con acierto, definió esta intentona contra la imagen de Rodríguez en los siguientes términos:
Sin embargo, otro "historiador" diametralmente distinto a nuestro distinguido profesor Villalobos y perteneciente -al parecer- a ese círculo de especiales intelectuales que hemos descrito, defendiendo el estropajo publicado en "El Periodista" tuvo un estupendo y genial argumento para "confirmar" la supuesta validez del planteamiento: que no veía "ningún problema" en que Manuel Rodríguez, efectivamente, "haya sido homosexual". ¡Listo! con esa jugada, quedaba creado el mito de la homosexualidad del prócer. Desde ahí en adelante, los que deben demostrar su parte de la historia son los que no crean en esta homosexualidad.
Uno de los primeros en intentar dañar la memoria de Arturo Prat y de la epopeya de Iquique en base a los recursos del discurso gramsciano, sería el entonces joven y desconocido poeta nacional, futuro Pemio Nobel, Pablo Neruda, en uno de los tantos panfletos comunistas que constituyen la mayor parte de su obra pero que, salvo por estudios como los de Enrique Lafourcade sobre el escritor, la mayoría de los intelectuales le perdonan y esconden convenientemente, en especial durante su "canonización" literaria del año 2004, en su centenario. El ilustre hombre de letras que decidiera cambiar su nombre original de Neftalí Reyes Basoalto en homenaje al poeta activista del comunismo checoslovaco, Enero Neruda, decía en su poema-editorial "Veintiuno de Mayo" (Revista izquierdista universitaria "Claridad", Nº 52, 20 de mayo de 1922, que tenía enlaces con organismos marxistas de Perú y Argentina):
Vale recordar que, sin embargo, Pablo Neruda no tuvo escrúpulos en escribir después, sin embargo, sus famosas odas y elegías al tan moloquiano Joseph Stalin ("Las uvas al viento", 1954), donde agradece al tirano asesino de la Unión Soviética hasta el que los árboles den frutos. Cuán distinto fue el camino del reconocimiento, sin embargo, para otros literatos insignes como el argentino Jorge Luis Borges, cuyo apoyo al régimen militar chileno le costara el que la mayoría de sus reconocimientos merecidos hayan tenido lugar sólo en forma póstuma. Sin embargo, no todo es tan dogmático fruto de ideologías estrictas o patrones normados de operación política. Otros personajes han preferido solidarizar más bien con la tendencia fingidamente a imitar la efigie "revisionista" de los historiadores peruanos, que han reescrito la historia del Combate Naval de Iquique intentando minimizar los hechos. Esto, entre otras muchas cosas, como alternativa al no poder realizar de hecho el entreguismo del "Huáscar", hasta ahora. Un curioso artículo del 21 de mayo del 2000, del diario chileno "Las Últimas Noticias", en su sección "Coctail del Domingo", por ejemplo, decía del sacrificio de Prat que era "sin duda el acto más irracional, ilusorio, descabellado que un hombre pudiera cometer", describiéndolo como una locura innecesaria y absurda, cuyo único objetivo era, de parte de Prat, poner en evidencia una gallardía y capacidades supuestamente cuestionadas con anterioridad. El artículo llega incluso a solidarizar con la versión peruana de que el "Huáscar", "no tenía tripulantes en su cubierta". Según lo allí escrito, el almirante Juan Williams Rebolledo no confiaba en la capacidad de Prat para enfrentar una situación de combate; el articulista descarta, con ello, la afirmación testimoniada del propio marino sobre la conversación que sostuvo con Prat el día 17 de mayo de 1879, antes de zarpar al Callao, cuando le preguntó al héroe de Iquique qué haría si debía enfrentar al "Huáscar", que ya había salido rumbo a la ciudad nortina. Prat contestó al instante, muy resuelto: "¡Lo abordaría, mi Almirante!". Y así lo hizo. Además, las diferencias entre los mandos eran conocidas, han sido tratadas por varios autores y sin duda la mayoría de ellas se debía a diferencias personales, que en nada involucraban la real capacidad de los actores. Algo parecido se vería en la edición del 10 de julio 2000 del diario "La Hora", página 4, donde aparecía una grotesca descripción de los hechos en torno a la Batalla de la Concepción, ridiculizando tácitamente (por ignorancia o ignominia, no lo sabemos) la inmolación de los 77 muchachos chilenos, como un acto destinado a defender "un fuerte" y que concluyó en "un fracaso", lo que motivó una dura respuesta de parte de nuestra Corporación. Para qué hablar de varios profesorcillos e intelectuales abandonados por el medio académico, que se han empeñado en reducir todo el proceso de la Guerra del Pacífico a una mera ecuación de materialismo histórico, en donde el "imperialismo económico" de otras potencias habría desatado el odio entre amorosos hermanos... Etcétera. Perú ya está rescribiendo la historia de la Guerra, y de tal manera que hasta entraría la duda de que si realmente ganó Chile esta contienda. Por lo visto, es más fácil explicar una derrota que defender una victoria, y tanto el "reivindicacionismo" como el entreguismo, solapadamente, han tomado para sí esta tarea de tergiversación. Publicaciones peruanas reproducidas en el diario "El Mercurio" del día 20 de mayo del 2001, páginas D-12 y D-13, con el título "Al Abordaje Peruano, la Otra Versión del Combate Naval de Iquique", nos muestran en qué va la memoria del sacrificio de Prat y los héroes de "La Esmeralda" para esta gente: todo el acto heroico, el sacrificio gallardo y el despliegue de valor por parte de los chilenos era un mito de nuestros historiadores; la verdad era más simple, pues, el Capitán Prat habría saltado a la cubierta del "Huáscar", milagrosamente no habían peruanos sobre ella y, luego de avanzar varios metros hacia las cabinas, mágicas balas disparadas por sus propios hombres desde "La Esmeralda" le habrían dado muerte, entrando por el frente de cabeza, a pesar de ser disparada desde su espalda (?). Tanto por aquel artículo, como por la misma literatura histórica del Perú, podemos advertir que la narración del sacrificio de Prat y sus leales ha sido deformado. Y lo peor: hay entreguistas dispuestos a aceptarlo.
Aunque pueda parecer raro, la consabida intención peruana de "revisar" los hechos de la Guerra del Pacífico, minimizando el heroísmo y la victoria de los chilenos con complicadas fórmulas de circunstancias o costos negativos de la contienda, no tuvo su principal aliento en Perú o Bolivia, sino en nuestro propio país, a través de personajes afiebrados de un mal entendido sentimiento americanista. En efecto, mientras el "reivindicacionismo" peruano y boliviano se daba en instancias meramente narrativas, en Chile ya existía una corriente absolutamente entreguista que pretendía borrar todo vestigio de la victoria gloriosa de Chile en la Guerra del Pacífico, especialmente en sus elementos más simbólicos, para volver a fojas cero en el asunto y reinventar la necesidad de estudiar la frontera Norte. Uno de los iniciadores de este movimiento entreguista pro peruano-boliviana fue, sin duda, el profesor Carlos Vicuña Fuentes, quien en 1921 comenzó una agresiva campaña en favor de devolver Tacna y Arica al Perú y de otorgar una salida al mar a Bolivia, además de reducir la presencia e importancia militar en la vida política y la sociedad, verdadera intención detrás de estas medidas pretendidamente solidarias a los países vecinos del Norte. Como suele suceder, el entreguismo de Vicuña Fuentes se estrelló con el rechazo generalizado. El 7 de junio 2002, el infame entreguismo dio un nuevo paso en su camino al desconocimiento de las glorias chilenas de la Guerra del Pacífico. Sorpresivamente, los ariqueños descubrieron que desde esa mañana no se repetiría más recreación alegórica de la Toma del Morro, que era representada desde 1980 por iniciativa del entonces intendente Hernán Sudy, con motivo del centenario del acontecimiento. Siempre hubo público multitudinario para este evento anual, y jamás se convirtió en un motivo chovinista o una excusa antiperuana, sino que era un acto solemne y cargado de fuerte respeto hacia el enemigo de ayer. En su lugar, ahora los militares participan de una pacata reunión disfrazada de misa a los pies del "Cristo de la Concordia". Según el diario "El Mercurio" del sábado 8 de junio de 2002, el comandante de la Sexta División del Ejército, general Julio Cerda, justificó la decisión "porque es necesario mirar hacia un futuro de paz en el mundo, ya que el Ejército está inserto en la sociedad y participa de ella"... ¡Dios bendiga a estos amorosos hippismos que han comenzado a prosperar entre las filas de nuestro Ejército vencedor y jamás vencido! Lo curioso es que nadie le consultó al pueblo ariqueño su simpatía o rechazo por la idea de terminar con la tradicional alegoría. De hecho, el asunto ni siquiera contaba con el apoyo del alcalde, don Carlos Valcarce, quien analizó de inmediato la posibilidad de restituirla, pues según declaró, esta es una fiesta que "la ciudadanía quiere mantener". La opinión del alcalde de Arica está respaldada por los hechos: una serie de autoridades vecinales y comunales se manifestaron sorprendidos por el abrupto fin del acto que tanta aceptación popular reunía. El entreguismo negador de la historia no se reduce a debates literarios. Al antes citado intento por mermar la euforia de las fiestas de Arica, Iquique y pueblos aledaños en los aniversarios de las Glorias de la Patria, hay también un entreguismo de negación histórica por omisión, que se ha hecho muy evidente en la ciudad más nortina de nuestro Chile. Se trata de la instalación del "Cristo de la Paz" o "Cristo de la Concordia", en la cima del Morro de Arica, cerca del final del Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, donde hoy se realiza la "misa" que reemplazará la alegoría militar de la toma. La inauguración se realizó el 7 de marzo 2000, en acto dirigido por los cancilleres Cancilleres Gabriel Valdez y Fernando de Trazegnies, por Chile y Perú respectivamente, y en el que también se entregó el recinto portuario que el Perú dispone actualmente en Arica. El diario "El Mercurio" del domingo 7 de abril de 1993, pág. D 27, publica un artículo titulado "Chile-Perú: del 29 al Siglo XXI", del ex-Canciller peruano del Presidente Fujimori, don Augusto Blacker, quien estuvo encargado de las negociaciones diplomáticas realizadas con Chile durante el Gobierno de Patricio Aylwin. En el texto, podemos leer el sorprendente párrafo que reproducimos a continuación (los destacados son nuestros): "...señalé que el Morro de Arica debería convertirse en un santuario a la paz que resultaba necesario para ello nombrar un grupo de trabajo de ambas comisiones que DECIDIRÍA QUÉ RECUERDOS HISTÓRICOS PERMANECERÍAN EN EL MUSEO UBICADO EN EL LUGAR. (El Canciller chileno) Silva Cimma, se mostró de acuerdo." Por las declaraciones de la patriotería peruana en tiempos posteriores, podemos concluir que este infame compromiso ha sido reafirmado también por los cancilleres José Miguel Insulza y Soledad Alvear, además de haber sido puesto como condición del acuerdo suscrito entre Frei Ruiz-Tagle y Fujimori, destinado a concluir aplicación de aspectos relacionados al Tratado de 1929. Los compromisos habrían sido mantenidos entre los presidentes Lagos y Toledo. Así, ciento veinte años después de los sucesos de la guerra, y al no poder simpatizar abiertamente con la versión peruana de los hechos de Arica, por un lado, ni detener el sentimiento popular hacia los festejos del 7 de junio en Chile, por el otro, el entreguismo ha recurrido a la imagen del propio Cristo para una de sus nuevas manifestaciones solapadas, altamente simbólicas, en las alturas del Morro. La estatua, a cuyos pies se observan los escudos de Chile y Perú, está colocada DE ESPALDAS A LA CIUDAD, en una actitud que llena de suspicacias al observador. Por si esto fuera poco, prácticamente todas las referencias señaléticas de la ciudad de Arica que indicaban con anterioridad la instalación del Cristo la dirección "hacia el Morro", han sido sustituidas por carteles indicando el camino "hacia el Cristo de la Concordia". ¿Se trata acaso de un intento por distraer el valor histórico del Morro de Arica, y su innegable connotación de gloria y victoria para la ciudad, por el nuevo Cristo instalado pomposamente por el entreguismo? ¿Sería otra condición de integración exigida por Perú, a la par de su deseo de decirnos a los propios chilenos qué cosas podemos o no podemos colocar en nuestros museos? Recuérdese que la inauguración del monumento coincidía con un evidente acercamiento entre el Presidente Frei y su homólogo peruano, el posterior prófugo de la justicia Alberto Fujimori, que incluyó hasta la instalación de un puerto y bodegas para Perú con plenas libertades en Arica, cumpliendo con una vieja disposición pendiente del Tratado de 1929 que de alguna manera el propio Perú había saboteado en años anteriores, conciente de que al aceptarlo perdía todo posterior derecho a reclamo para recuperar el territorio. ¿Se estaba usando, acaso, la imagen del Señor Jesucristo para una vulgar treta entreguista? ¿Era una exigencia de Lima colocada ante el acercamiento diplomático que el entreguismo consiguió por esos días? Chile nunca ha mantenido una actitud soberbia hacia su triunfo en la Guerra del Pacífico. En los monumentos de las batallas en las pampas, como las de Dolores y Germania, por ejemplo, se observan placas homenajeando a "los valientes soldados chilenos, peruanos y bolivianos que entregaron sus vidas en este lugar". En marzo de 2006, por ejemplo, se realizó una controvertida inauguración de una vitrina homenajeando al Coronel peruano Francisco Bolognesi en la altura del Morro, con la presencia de los comandantes en Jefe de ambos países. Sería un gesto valorable, de no ser porque el Perú jamás ha realizado un acto análogo con respecto a los héroes chilenos, por ejemplo en el Campo de la Alianza de Tacna, Chorillos o Miraflores, ni porque exista un homenaje similar a la memoria del Subteniente chileno Bisivinger, que muriera alcanzado por fuego amigo mientras defendía la vida de un oficial peruano que le imploró por su vida en Morro Solar, apelando al código de honor militar, sólo por nombrar un caso. Así pues, la "internacionalización" simbólica del Morro de Arica también ha sido una manifestación de la herofobia tan arraigada en el entreguismo chileno.
Quizás el primer caso de destrucción de un elemento de heroicidad por parte de autoridades de la derecha chilena, sea el que toca la memoria del Teniente Coronel Eleuterio Ramírez y del 2º de Línea en la dramática y desastrosa batalla de la Quebrada de Tarapacá, donde el ilustre militar y la mayoría de sus hombres ofrendaron sus vidas en 1879, al final de la Campaña de Tarapacá, al ser atacados por un enorme grupo de aliados. Los chilenos lucharon sin rendirse, muriendo en masa durante aquella jornada. Desde entonces, Ramírez recibió el apodo de "León de Tarapacá", por su extraordinario valor y resistencia, que lo llevó incluso a luchar estando gravemente herido en la puerta de pieza que usaron como enfermería, cayendo en este combate. Fue un Presidente de la República de Chile símbolo del liberalismo republicano, don Arturo Alessadri Palma, quien se apropiaría maliciosamente de este título años más tarde y haciéndose representar con el apodo de "León de Tarapacá" a raíz de una dudosa historia sobre su enfrentamiento con grupos sindicales del Norte de Chile, que parece más bien invención de la prensa derechista y liberal de la época; otra de las muchas que se tejieron en torno a su persona. Nadie escarmentó con lo bochornoso que resulta este descarado plagio: Años más tarde, en 2005, el Diputado Independiente pro Concertación por Iquique, Fulvio Rossi, postuló a la reelección presentándose como el "Léon de Tarapacá" en su campaña, en otra grosera impostura de este apodo para el héroe Eleuterio Ramírez, único que en realidad se ha ganado ante la historia de Chile este nombre, por lo que parece apropiado recuperarlo para él sin dejarse distraer por historietas politiqueras y electoralistas. Como la predisposición de algunos derechistas no ha cambiando mucho en algunos casos actuales, hemos querido reproducir en esta sección una carta dirigida a varios medios de comunicación nacionales, a mediados de octubre de 2006, por el investigador histórico y experto en la Guerra del Pacífico, Marcelo Villalba Solanas, quien es, además, miembro del Círculo Ignacio Carrera Pinto e integrante honorario del Centro de Estudios Históricos Lircay. En ella se cuestiona la decisión del Alcalde Gustavo Hasbún, de la Unión Demócrata Independiente (UDI) de cambiar el nombre de la calle que homenajea al héroe de la Guerra del Pacífico, Manuel Thompson, en la que era entonces su Municipio: la histórica comuna de Estación Central. Cabe advertir que Villalba, quien es también Director del Proyecto Museo de la Guerra del Pacífico y se ha destacado por una serie de iniciativas de dignificación de la memoria histórica de los veteranos de la Guerra del Pacífico, precisamente en contra de las manifestaciones que aquí hemos señalado como de orientación gramsciana, contraria a la identidad histórica y la honorabilidad de los héroes patrios. Entre otras, había dirigido la intensa campaña para la repatriación de los restos del soldado chileno encontrado en Cerro Zig-Zag de Chorrillos y la recuperación con exclusividad del apodo de "León de Tarapacá" para el héroe chileno de la Batalla de Tarapacá, Eleuterio Ramírez. La elocuente carta de don Marcelo Villalba cuestionando esta decisión, corresponde a la siguiente:
La emisión de esta carta se produjo en el contexto del cambio ya consumado e inconsulto del nombre de la calle Manuel Thompson de Estación Central, por la del nombre del obispo Javier Vásquez, un religioso protestante que tuvo gran simpatía por el Gobierno Militar del General Pinochet. Curiosamente, la calle Thompson tenía también allí una sede de la Iglesia y Comunidad Evangélica, por lo que la decisión del edil tenía una visible orientación populista, como la misma tomada antes por el mismo alcalde al cambiarle el nombre a al tramo de Pajaritos en Estación Central por el de la fallecida dirigente comunista Gladis Marín, en medio de un gran desapruebo de los vecinos. | |